Primero lo conminaron a dejar la comisión y acordaron que no recibirían en audiencia a personas u organizaciones que “hayan difundido discursos o mensajes de odio o que puedan incitar a la violencia respecto de grupos vulnerables o históricamente excluidos”.

Como el ex almirante Jorge Arancibia aludió a que él representa en la Convención Constitucional a las miles de personas que lo eligieron para ello y no renunciaría, el viernes pasado la misma comisión votó 10 a 2 excluirlo de las audiencias. Reconocieron que no pueden anular la elección y su derecho a ser parte de esta Convención, pero, al mismo tiempo, resolvieron excluirlo de las audiencias públicas “dada su historia de negacionismo de la violación de derechos humanos”.  Añadieron otros al leprosario: tres organizaciones vinculadas a ideas de derecha: la Fundación Jaime Guzmán, del único senador asesinado en democracia por sus adversarios políticos, la ONG Acción Republicana y la fundación “Cuide Chile”.  

En una rápida mirada a sus sitios web se observa que en ninguno hay llamados a tomar las armas o a usar la violencia o el bullying contra sus adversarios, a los que tampoco califican de enemigos. Tampoco hay convocatorias a saquear, incendiar y atacar a las fuerzas de orden y seguridad.  En sus sitios digitales despliegan ideas y principios que en general valoran el papel de la familia, la libertad, el derecho a la vida y el Estado de Derecho.  Pero son censurados.  Al punto de no dejarlos intervenir en la Comisión de DD.HH., Verdad Histórica y Bases para la Justicia, Reparación Integral y Garantías de No Repetición, que es el laaargo nombre que se dieron porque algo que está caracterizando al grupo mayoritario de extrema izquierda de la Convención Constitucional es la gimnasia con el lenguaje.  Como si hablar de “convencionales, convencioneles, convencionilis y convencionolos” (lo hizo Daniel Stingo) los convirtiera en inclusivos. Esgrimen como estandarte la inclusión y ante su altar sacrifican el concepto de “República” que tiene Chile, porque el Estado ha renegado de los pueblos originarios. Eliminar el término, entonces, “es un símbolo para repensar este Estado plurinacional” que aspiran plasmar en la nueva Constitución (como dijo la RD Amaya Álvez, coordinadora de esa comisión).

Los pueblos originarios, que están sobrerrepresentados en la Convención, y en todas sus instancias vuelven a ser favorecidos, se han convertido en el vehículo de batalla de la ultraizquierda.  Más que el feminismo, el regionalismo, el ambientalismo y todos los “ismos” que puedan representar minorías. Una mapuche en la presidencia llama a los convencionales a hablar desde el amor. “Tenemos iguales derechos y con ese amor vamos a aceptar que seamos diferentes”.  El problema es que ellos, desde la mayoría, resuelven qué diferencia es tolerable en “los otros” para amarlos o desfenestrarlos.  Esa misma presidenta cuestionó el derecho de convencionales de derecha a estar en la Convención Constitucional, aludiendo después a ellos como “el sector del privilegio”.

Es esa izquierda la que intentó antes en el Congreso convertir el negacionismo (no la incitación al odio) en delito.  Ahora en nombre de ese concepto difuso reparte indulgencias y condenas morales.  Manuela Royo le cortó el micrófono a Ruth Hurtado, señalando que no iba a permitir un “discurso de odio y de violación a los derechos humanos” cuando la sancionada alegaba, con todo respeto, que se debía ser tolerante porque en su distrito también cuestionaban en la misma comisión del exalmirante Arancibia, la presencia de Royo (porque defendió comuneros de la CAM) y de la machi Francisca Linconao (involucrada y absuelta en el asesinato del matrimonio Luchsinger). 

Pero ellos, ahora como mayoría, pueden censurar, cancelar, excluir en nombre de la “inclusión” o los DD.HH. porque la superioridad numérica les confiere la primacía moral para juzgar. Antes experimentaron ser “los otros” que ahora descartan. No han podido encontrar ni una frase del ex senador Arancibia que pueda reflejar la conducta censurada, pero ellos exhiben su revanchismo sin pudor, como cuando el convencional Jorge Baradit no pudo evitar celebrar las agresiones que sufrieron en las afueras del Congreso dos representantes de RN.

Son los mismos que hablan de cómo quieren empapar la nueva Constitución de los DD.HH. y son implacables para aplicar su mayoría.  Aun así, anatemizan a sus adversarios que no tienen los votos para cambiar sus decisiones, y califican cualquier discrepancia como obstrucción o intento de lesionar la imagen de la Convención. Incluso acusan de falsear los hechos a quienes se resisten a aprobar que se auto eleven las asignaciones de 1.5 millones a 4 millones de pesos. Logran así que la otrora centroizquierda, cuando no se suma al  ultrismo, no se atreva a votar en contra de sus manotazos totalitarios. Es lo que suele suceder con los ex Concertación y un ejemplo es Felipe Harboe, quien aun argumentando en contra del veto de la mayoría al convencional Arancibia, no se opuso a su expulsión. Se abstuvo. 

Sería bueno sincerar el lenguaje en la Convención y que cuando marginen a alguien no lo justifiquen con los DD.HH., sino que admitan que no le reconocen siquiera el derecho mínimo a expresarse. El convencional comunista Marcos Barraza escribió que el trabajo de la Convención Constitucional  es “desmontar el sistema constitucional heredado de la dictadura de Pinochet y el modelo neoliberal”. Está bien claro el propósito, el problema será que además esa mayoría arrastre los principios que hacen posible la democracia.

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1 comentario

  1. OK, bien . Y cual vendria siendo la sorpresa ??????
    Alguien sensato esperaba algo distinto ?????
    Me gustaria conocer el parecer de aquellos que impulsaron el plebiscito y que mas encima despues votaron apruebo . Ahora todos votar por ellos en las presidenciales y las parlamentarias . Esta pais esta absolutamente desquiciado …..

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