Es de no creer que tengamos de nuevo a los políticos exigiendo continuar con el desfonde de las futuras pensiones. Si hasta la presidenta del Senado, Yasna Provoste, demandó ayudas inéditas, y se las dieron multiplicadas, a cambio de terminar con los retiros, aseguró, y ahí está de nuevo. Pareciera no creer que puede ganar las presidenciales, porque es difícil pensar que con esa convicción insista en desfondar al Estado.

Este año el déficit fiscal será equivalente al 10% del PIB y la izquierda verá cumplido su anhelado sueño de tener un Estado voraz cuyo gasto representará sobre el 30% de la economía (6 puntos más que en 2019). La oposición y una parte de la derecha exigió ayudas universales para los que la necesitan y los que no, convirtiendo una tragedia, como es la pandemia, en una fiesta de la abundancia como la que no habíamos visto antes. Los US$6.391 millones invertidos el año pasado en la red social y los US$23 mil millones sumados este año, sin embargo, no han sido suficientes para calmar el feroz apetito por continuar con la mega celebración.

Como siempre, la cuenta no la pagarán los políticos que creen llenarse de gloria desfondando al Estado, sino que los futuros necesitados, que no recibirán asistencia de papá Estado en el futuro, cuando realmente la requieran, porque el Fondo de Estabilización Económica y Social (FEES) estará casi seco y la deuda externa habrá agotado la capacidad de préstamo y de pagar astronómicos intereses de Chile. La farra de la pandemia agotará el botín del FEES, creado en 2007, del que se girarán sobre los US$11 mil millones entre el año pasado y este. Pudo haber servido para nuevos brotes epidémicos o catástrofes, pero había que comprar más trago y cotillón para continuar animando la fiesta.

El mayor gasto dispara la inflación anualizada a julio sobre el 4% y falta recuperar un millón de empleos pre pandemia, pero muchos, pudiendo, no quieren trabajar en la agricultura, la construcción o el comercio. Prefieren seguir bailando en la celebración patria a la que los políticos los invitaron, donde la música de fondo la ponen los 55 mil millones retirados de las AFP a cuenta de las futuras pensiones. Además, los candidatos presidenciales de la izquierda les han prometido que la fiesta será de toque a toque y que si el gobierno no extiende el IFE universal, que sólo cuesta US$3 mil millones mensuales, legislarán un nuevo retiro de las AFP. Total, ahí todavía hay ahorros para que no se apague la música.

El gobierno finalmente cedió a las inclementes exigencias lideradas por la oposición y resolvió convertirse en el mejor anfitrión. Decidió no continuar siendo el ogro “mezquino”, el que “siempre llega tarde”, insensible al “hambre” de la población y los invitó a todos al carrete “universal”. Lo raro sería que insistiera en cuidar los recursos mientras la izquierda lo ametralla por insensible y neoliberal y la derecha lo responsabiliza por perder las elecciones.

El buen anfitrión incluso está sacando un cotillón especial para cuando avance la noche y extenderá el pilar solidario del 60% de la población con menos recursos al 80%. Así, la postergada reforma previsional se habrá convertido en un nuevo subsidio, sin rastros de introducir cambios estructurales para incentivar y mejorar el ahorro para la vejez. Para qué vamos a aguar la fiesta, si la oposición ha bloqueado cualquier ajuste, cuando podemos seguir felices bailando tirando toda la carne a la parrilla.

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