El hombre del momento se llama Gabriel Boric Font y, claro, no es para menos. De líder estudiantil a diputado a candidato presidencial. Cuando asuma el máximo cargo de poder, que le fue asignado por más de 4,6 millones de chilenos el pasado 19 de diciembre, el futuro presidente, el más joven “ever” de nuestra República, tendrá que romper varios mitos en torno a su figura. Complejo, no sólo por el aura de rock-star-hípster de la política que lo rodea (y lo tiene firmando autógrafos y sacándose selfies cada vez que entra o sale de “La Moneda chica”), sino porque su mochila viene cargada de un montón de expectativas esperando ser resueltas – una por una – durante los próximos cuatro años frente a los ojos atentos de la ciudadanía. Especialmente, del segmento joven que puso sus fichas sobre él consagrando su juventud como parte de la esperanza para “vivir mejor”, acorde al lema de su campaña.

En el maravilloso poema “Canción de otoño en primavera”, el célebre escritor nicaragüense, Rubén Darío, consagra a la juventud como una etapa de la vida que se debe disfrutar por ser efímera y fugaz: “juventud, divino tesoro ¡ya te vas para no volver!” es exactamente lo que aguarda a Gabriel Boric a partir del 11 de marzo cuando ya no haya vuelta atrás para que su juventud sirva de excusa para confusiones o disculpas. Es así, entonces, como nos preparamos, no para abrir un capítulo nuevo, sino un libro entero. No sólo por el perfil poco tradicional de nuestro próximo jefe de Estado, sino también porque la velita de los últimos 30 años, que nos hizo sobresalir y brillar más allá de América Latina, se está apagando.

Escenario complejo e incierto es el que enfrentará “Gabriel”, como se le dice al interior del primer “anillo” de confianza; pero que, a la vez, lo sitúa en solitario para llenar los zapatos y convertirse en un presidente capaz de sortear una política bastante más hostil a la que conoce. Más presiones, menos tiempo y, sí, menos lealtades (sobre todo cuando surjan errores) son los ingredientes que deberá digerir a diario. ¿Cómo lo hará? ¿Será capaz? ¿Tendrá conciencia de que su juventud está a punto de extinguirse?

Aunque en pocos años ha demostrado su talento y firmeza en política incluso para desafiar a su sector; esta vez su mayor contendor no será la derecha (que también posee poco tiempo para dejar de transitar entre la autoflagelación y la autocomplacencia), sino los desafíos país que le demandarán un prologado trabajo en equipo y la incorporación de algunas canas.

Por la pandemia; porque han surgido autocracias poderosas capaces de coordinarse entre sí; porque la democracia ahora incorpora actores con menores grados de representatividad; porque hay mayor desconfianza en las instituciones; porque ahora no se trata de partidos, sino de “territorios, causas y movimientos” (podríamos seguir y seguir…) es que vemos – no sólo en Chile – como se enfrentan los extremos y los países se sacuden.

Líderes capaces de leer entrelíneas y proyectar sus ideas más allá de la próxima elección son cada vez menos frecuentes. Votos tan efímeros como la juventud que describe Darío han hecho que los políticos cambien de manera inesperada su actuar lo que a veces provoca desastres tan profundos e irrevocables como los del cambio climático. A los gobiernos no se les mide por sus intenciones, sino por sus resultados. Es por eso que la misión de Gabriel Boric será gigantesca. ¿Estará dispuesto a dejar ir el tesoro de su juventud?

@LaPaulaSchmidt

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