Arranca 2021 y a la “parrilla programática” de la carrera presidencial se suman cada vez más actores dispuestos a protagonizar una campaña en pandemia de alto rendimiento. Cosas curiosas e inesperadas (como casi todo en política) ha sido el último capítulo que incluye el aterrizaje de Paula Narváez y el éxodo algo express desde el ministerio de Hacienda de Ignacio Briones. Ambos tendrán sus razones, pero como el verano es para leer buenas novelas y echar a andar la imaginación, adivinar cuál de todas pesó más será tarea para marzo, cuando el país regrese a su “nueva normalidad”.

Mientras tanto, las encuestas (hay para todos los gustos) nos hablan de candidatos experimentados que se debilitan y otros más novatos que parecieran fortalecerse camino a La Moneda. No obstante, lo único no líquido del actual panorama son los flancos abiertos, desde octubre de 2019, que ni el gobierno ni la oposición han sido capaces de cerrar. Es por eso que este año, además de prometer un frenesí electoral, también debiese ofrecer iniciativas concretas para curar nuestro talón de Aquiles que comienza con “P” (mayúscula): PENSIONES. Palabra que gracias a arremetidas sin fair play de figuras como Pamela Jiles se suma a otras (lucro, concesiones, “el modelo”, empresarios…) proscritas del discurso público por pudor, porque el verdadero significado comienza a desdibujarse o simplemente porque es menos incómodo dejar que los perros ladren.

Por lo tanto, nuestro sistema de seguridad social, adoptado alrededor del mundo porque permite estabilidad, ahorro y que la economía no dependa del endeudamiento o la inversión extranjera, no obtuvo en 2020 lo que se merecía de nuestros representantes: mayores esfuerzos por contener la imprudencia de los retiros del 10% y una discusión seria en torno a perfeccionarla. ¿Cuál de todos los aspirantes a la primera magistratura sería capaz de tomar las riendas para encauzar una reforma ajustada a nuestra realidad? Salvo por Daniel Jadue (todos conocemos la disciplina y pocas ganas de aparentar del PC), la respuesta para el resto permanece abierta. Aunque espero que el tema los tenga desde ya muy motivados, porque si yo fuera candidata (por algo no lo soy…) estaría con insomnio y sufriendo crisis de ansiedad porque la política (además de buenos modales) exige experiencia para llegar a acuerdos, prudencia para tomar las decisiones, coherencia para prevenir el “fuego amigo” y nervios de acero para seguir en carrera sabiendo que la efervescencia de la campaña se extingue cuando se asumen (en solitario) todas las responsabilidades del cargo.

Si pudiese mezclar elementos de los candidato/a que podrían mejorar al sistema de pensiones comenzaría por las fortalezas de las candidatas (yes, ladies first):

Evelyn Matthei. Sus años en política la hacen conocedora de su fauna, siempre ha sido estudiosa, es seria (pero no grave). Sobre pensiones no sólo sabe, sino que entiende y posee el tipo de garra que desincentiva que le vengan con cuentos, por lo que no me imagino más retiros ni capas fucsias en el Congreso.

Paula Narváez. Pondría a trabajar toda la experiencia acumulada en ONU Mujeres. Asesorada, además, por una red internacional de líderes femeninas que comparten la experiencia de abrirse paso en un mundo de hombres pocos dispuestos a compartir sus espacios de poder ni empatizar con una realidad que a muy pocos les atrae.

Mario Desbordes y Sebastián Sichel son candidatos que no sólo representan los cambios sociales y culturales del país, sino también son poseedores de un talento que se da poco en política: saber interpretar de manera empática y con conocimiento de causa lo que se palpa en el ambiente.

Joaquín Lavín. Por ser el presidenciable más experimentado de todos posee suficiente plasticidad política, perseverancia y conocimiento como para orientar su propia agenda.

Por último, Ignacio Briones. Personaje cool de nuestra política, no sólo porque habla francés, sabe de gastronomía o funda centros de estudio, sino también porque su salto desde la academia para manejar la billetera fiscal en medio del estallido y luego con pandemia se ajusta a lo que le gustaría que fuese su epitafio: sabio, discreto y liberal. Tres características que realmente harían evolucionar a la política chilena.

Aún falta que corra mucha agua bajo el puente para que comience la carrera formal, sin embargo, el tema pensiones en año electoral (con o sin reforma) seguirá siendo muy candente para la ciudadanía. Si 2020 dejó muchos cabos sueltos en torno a esta materia, la elección presidencial de 2021 le ofrece al país la oportunidad de que los candidatos demuestren su capacidad para ordenarlos.

@LaPaulaSchmidt

Deja un comentario

Cancelar la respuesta