En Chile se habla de la tercera edad desde la compasión. Normalmente se muestra a una persona con sus facultades reducidas, empobrecida y sola. Es el estereotipo favorito de los medios. Algunos más tiernos los llaman “abuelitos”.

En concordancia con este estereotipo desmedrado de la tercera edad, la mirada hacia ellos es asistencialista. Se lleva virtualmente toda la agenda el tema de las pensiones, y el resto son ayudas humanitarias.

Se es adulto mayor en Chile desde los 60 años, cuando se tiene aún una esperanza de vida de 21 años más. La mayoría de las personas quiere estar vigente y vital en este periodo. Pero las cifras muestran un escenario mucho menos alentador, donde el 44% siente algún grado de soledad, un tercio se declara poco satisfecho con su vida y casi un tercio presenta sospechas de síntomas depresivos (Encuesta Calidad de Vida en la Vejez UC-Caja Los Andes).

De acuerdo a la encuesta nacional de empleo del INE, actualmente la tasa de ocupación de adultos mayores es del orden del 24% (lo que significa una fuerte caída de 10 puntos porcentuales en comparación a las cifras pre pandemia). El trabajo es una fuente de ingresos, y es la razón principal para mantenerse en el mercado laboral de los mayores de edad. Pero también es una actividad donde se desarrollan actividades físicas, cognitivas y sociales que ayudan a mantener la salud del cuerpo y la mente, evitando la sensación de exclusión y soledad.

La Encuesta de Calidad de Vida citada muestra que la mayoría de los que trabajan aprecian su trabajo y seguirían trabajando, aunque no necesitaran el ingreso. Es cierto que muchos adultos mayores no quieren trabajar, y están en su legítimo derecho. Pero una significativa proporción no lo hace porque no encuentra trabajo, o no encuentra un trabajo adecuado para ellos.  Es común ver las empresas que tienen políticas de jubilación obligada a los 60 años, los head hunters que ni si quiera los reciben y los empleadores que de antemano los consideran caros, lentos y mañosos.

Frente a este adverso escenario no sorprende observar que más la mitad de los que trabajan lo hacen de manera informal.

La sustentabilidad demográfica y el resguardo de la calidad de vida de los mayores de edad requiere de un cambio cultural y políticas públicas que incluyan activamente a las personas de la tercera edad, tales como incentivos a postergar el retiro, flexibilización del horario y condiciones de trabajo, y subsidios al empleo. Y que los mostremos como dignos de admiración en vez de compasión.

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