Temprano y nervioso me desperté el domingo pasado. Admito que no dormí tranquilo la noche anterior, había demasiado en juego en las elecciones del día siguiente, sin duda de las más importantes y escalofriantes de los últimos treinta años. Con el gallo y con lápiz en mano fui a dejar mis marcas en las papeletas, ansias que también fueron evidentes en todos los candidatos, las que luego volcaron en fabulosos desayunos. Se me hacía agua la boca frente a la pantalla admirando las humeantes marraquetas con mantequilla, los huevos revueltos, el jamón, el queso y la mermelada que compartieron con familiares y compañeros. La Yasna se repitió el plato porque se sentó en más de una mesa esa mañana; Sichel, como si estuviera frente a la parrilla, lucía un delantal de cuero y el candidato Kast, solo con su familia tenía el aforo completo. De Parisi ni supe, capacito que le cortaron el internet por no pagar la cuenta.

Fue un fin de semana de alto impacto. Entre los nervios, el calor, las eternas filas y las encuestas encubiertas que llegaban con un membrete de “confidencial” (cosa que me hizo sentir bien importante), las horas no pasaban nunca. Aunque, la verdad sea dicha, lo de importante me duró hasta que en el restorán donde almorcé mi tradicional lengua nogada había un par de comensales comentando la misma encuesta.

Con la cosa bien líquida como estaba, según los politólogos, se comenzaron a cerrar las mesas y a contar los votos. Un aplauso de pasadita para el Servel, porque los resultados comenzaron a publicarse muy rápido y, con ello, a marcarse las tendencias. El candidato Kast comenzó a imponerse sobre el niño de Magallanes y en el camino quedaron Sichel y Provoste. La gran sorpresa fue Parisi, quien se arrancó con los tarros y se ubicó en el tercer lugar, todo un fenómeno que pocos son capaces de explicar. Quizás la clave estaba en que Sichel se hubiese ido de vacaciones un par de semanas antes de las elecciones. En la cola quedaron Artés y ME-O ambos alistando sus campañas para cuatro años más. Para no perder la costumbre, digo yo…

La pelea se viene dura, sobre todo porque los finalistas están afilándose los dientes en las esquinas. Desde la derecha y la izquierda se pusieron las zapatillas de clavo para salir a conquistar al ciudadano de a pie que no votó por ellos en la primera vuelta. El gran protagonista de esta batalla será en centro, el cual le permitirá a uno de ellos llegar a La Moneda.

El centro siempre ha sido clave en la cocina y la perfección de ciertos platos radica en ese corazón tibio y sabroso. ¿Qué mejor ejemplo que el atún sellado con costra de semillas? Al cortarlo se siente esa delicadeza tibia y jugosa, similar sensación que regala ese delicioso volcán de chocolate que sorprende con su interior. Volcán que sin centro tibio, no es volcán.

Van a tener que saber cambiar sus discursos estos hombres, será la única forma de poder cautivar a ese tibio corazón. José Antonio se puso a la tarea desde el primer momento y ya desde el escenario de su celebración, les guiñó el ojo. Boric, por su parte, partió lento y cojo, quizá por la cantidad de puños en alto que enarbolaban sus compañeros y compañeras. No le va a resultar fácil al niño ganarse a este sector sin que lo castigue su propia gente; eso de sacarse la chapita comunista no le va a resultar parece… Por lo demás, no debe olvidarse que a esta carrera no llegó solo. Ánimo y paciencia, señores, porque la lucha por los votos va a ser infartante. Ese centro esquivo y tentador juega un rol trascendental, igual que en la cocina: los aplausos solo llegan cuando el meollo del asunto está tibio.

Participa en la conversación

1 comentario

  1. Sr.Mecha Corta: Es un placer para los sentidos electorales y politicos leer sus acertadas columnas. Ahora yo ld aconsejaria a Jose Antonio Kast cocinar una cazuela de vacuno con harta enjundia para ganar la segunda vuelta. Y si han el niño del arbol pretende llegar a ganar, que lo haga con un asado de cordero magallanico al palo, hecho con lentitud que madure lo que podria ser su eventual Gobierno.

Deja un comentario
Cancelar la respuesta