Gran parte de la población vulnerable y de clase media emergente de Chile vive en “pasajes”. Esto es, pequeñas vías de no más de ocho metros de ancho que no tienen veredas o, si las tienen, son muy angostas. En los pasajes normalmente se camina por la calle y de alguna manera estigmatiza y traslada al barrio y entorno público las condiciones de vida del hogar. El urbanismo de nuestras ciudades opera sobre una igualdad: “casa pequeña, terreno pequeño, calle pequeña”.

Un importante objetivo de una nueva política pública integradora del desarrollo de las ciudades debería contemplar una mayor equidad en la distribución del espacio público. Debiéramos tender a la eliminación de los “pasajes” y los terrenos pequeños en nuestros futuros desarrollos urbanos. Los terrenos y las calles pequeñas estarían justificadas por la escasez de suelo y por los costos de urbanización. Pues bien, hay muchas ciudades en Chile en las cuales no hay escasez de terrenos y la falta de ellos es más bien consecuencia de restricciones normativas impuestas por una concepción -a veces centralista- del crecimiento urbano, que impiden el desarrollo de las ciudades de regiones teniendo en cuenta su propia realidad.

No se entiende que se permita construir poblaciones con terrenos pequeños y con pasajes en lugares donde no hay escasez de suelo. ¿Por qué en un pequeño pueblo del sur de Chile, rodeado de grandes campos, construir con doscientos metros de subdivisión mínima y con frente a un pasaje? ¿Lo mismo en el norte, donde el Estado es prácticamente el dueño de todo el territorio? Falta una visión de futuro, una apuesta por el mejoramiento de las condiciones de vida. Hoy la vivienda puede ser chica, pero al tener un terreno mayor se apuesta por la posibilidad de ampliar la casa en un futuro dando mejores oportunidades y calidad de vida. Al enfrentar calle y no pasajes se hace una apuesta por el mejoramiento paulatino del barrio generando pertenencia e identidad de las familias con su entorno.

La diferencia de valor entre el suelo rural y el urbano está dada porque en uno se puede construir y en el otro no. Es el aparato burocrático del Estado el que determina dicha viabilidad. Es el Estado, y no los desarrolladores inmobiliarios, quien determina a través de los planes reguladores cuáles son las subdivisiones mínimas y dónde se pueden establecer “pasajes”.

Respecto de los costos del urbanismo, efectivamente hay mayores costos si tenemos una vía más ancha, una calle y no un pasaje. Pero, nuevamente, el mayor costo es el suelo y no la infraestructura urbana. Unos metros más de pavimento y la existencia de veredas y más áreas verdes no hacen la diferencia en el desarrollo del proyecto inmobiliario. La diferencia va a estar dada por la densidad de los terrenos, esto es, la cantidad de viviendas que se pueden hacer en el terreno, y como hemos dicho, esta es una determinación del Estado. Hay que recordar que en Chile gran parte de los costos de urbanización recaen en el privado que urbaniza el terreno.

Nuestra política pública a través de los planes reguladores debería, para determinar las distribuciones espaciales, reconocer las diferencias de cada lugar y hacer una apuesta por el porvenir, planificando ciudades que permitan y den esperanzas de mejoramiento y desarrollo futuro, en lugar de condenarlas desde su concepción.

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