Hace algunos días fuimos espectadores de un debate televisivo en CNN-Chilevisión en el que se presentaron los candidatos de la coalición oficialista.

Jugar un partido en cancha ajena es siempre más dificultoso, al menos las estadísticas del fútbol muestran una tendencia favorable para el local sobre la visita. En política pasa algo parecido. Si discutimos en torno a temas instalados por nuestros adversarios no resulta fácil tener una buena puesta en escena, y eso es lo que vimos. El partido se jugó de la mitad de cancha hacia atrás. Los árbitros -Matamala y Rincón- entraron muchas veces a la cancha y directamente a jugar, ninguno de los candidatos fue capaz de oponérseles. Frente a cada pregunta siguieron la línea trazada, sin ser capaces de cambiar la dirección de la jugada.

Frente a la desigualdad, ninguno de los aspirantes planteó la superación de la pobreza, la igualdad de oportunidades, el crecimiento económico, la reducción del estado y la meritocracia como temas relevantes, por el contrario vimos un desmarque total del gobierno de 4 ex ministros del mismo, uno que señaló abiertamente no ser de derecha, la instalación de temáticas de cuotas, de invasión de privacidad, de adopción homoparental y de legalización de la droga .

No quedó claro cuál fue la estrategia. Sería esperable que un candidato matice cuando se trate de una primera vuelta presidencial, buscando captar a los votantes indecisos, menos ideologizados que pueden ir más allá del propio sector, pero en un escenario de primarias de derecha, hablarle al centro y a la centro izquierda, parece un sinsentido. A ratos parecía más un intento de congraciarse con los conductores, que una propuesta que buscara entusiasmar a quienes participarán de la primaria del sector. Lo que vimos fue una derecha intelectualmente confundida que, si no despierta luego, tendremos en Chile más estatismo y populismo, pero que finalmente y como siempre, más temprano que tarde reaccionará en búsqueda de la libertad perdida.

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