Hemos visto un importante avance de las mujeres en los directorios de las empresas chilenas luego del proceso de juntas ordinarias que tradicionalmente se realiza en abril. Compañías tan distintas como las AFP, la acerera CAP, Copec y Enel dieron a conocer la incorporación de mujeres en dichos casos.

Vimos cómo los distintos medios de comunicación destacaron ese hecho y cómo hubo críticas a las empresas que, por otro lado, no han avanzado en ese camino (de acuerdo con un estudio de CLA Consulting dado a conocer la semana pasada, las mujeres ocupan solo el 11,9% de los puestos en directorios en las principales empresas de la Bolsa de Santiago).

Muchos estudios han mostrado las ventajas de contar con mujeres en puestos de alta dirección. Harvard Business Review reveló que las mujeres que ocupan puestos directivos obtuvieron mejores evaluaciones que sus homólogos masculinos en una serie de competencias clave, como inspirar y motivar a otros, establecer relaciones, y colaborar y trabajar en equipo. Otra publicación de la revista Science demostró que la inteligencia colectiva de los grupos pequeños aumenta si hay más mujeres en ellos.

Además, las empresas con equipos directivos en los que existe paridad de género son más innovadoras que sus competidores y registran mejores resultados financieros. Y cuando hay mujeres en puestos de liderazgo, se amplía la mirada sobre qué debe hacer la empresa, no solo en pro de su comunidad femenina, sino de todos los trabajadores y la sociedad en su conjunto.

Pero, aunque yo, como directora de la fundación Mujer Impacta, que reconoce, apoya y visibiliza a mujeres de todo Chile en sus labores, aplaudo el avance de las mujeres, también quiero que no nos volvamos simples noticias.

Me explico: cuando se llega a publicar algo como la incorporación de mujeres en puestos de alta dirección, destacando el hecho de que sean mujeres, se hace porque parece algo novedoso, raro, diferente. No debiera ser así.

En varios países desarrollados esto ya dejó de ser noticia, porque hombres y mujeres se encuentran de forma equitativa en los puestos de liderazgo en las organizaciones. Mi expectativa, es que también en Chile esto sea así. Solamente cuando eso ocurra estaremos hablando de un país más igualitario.

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