Nueve eran los candidatos presidenciales inscritos en el Servicio Electoral (Servel) para las elecciones de fin de año, y siete fueron aceptados finalmente. En la elección pasada, en noviembre de 2017, se presentaron ocho candidatos: los tres primeros acumularon casi el 80% de la totalidad de las preferencias; el resto fue tan solo comparsa del proceso electoral. La proliferación de candidatos minoritarios con sus heterogéneas y presuntuosas ofertas electorales pareciera no augurar nada bueno para la ya desprestigiada clase política chilena. Sin embargo, no todo es tan malo como parece, pues dentro de esos “7”, hay tres o cuatro que no tienen posibilidad alguna de pasar a segunda vuelta.

¿Cuál es el objetivo de postular sabiendo que no existe chance de pasar a segunda vuelta? La respuesta a la pregunta depende de los incentivos ocultos de algunos, pero sin lugar a duda el monetario es un factor importante, aunque no único, en esa decisión. Según cálculos de expertos electorales, el pago del Servel por cada voto obtenido por los postulantes presidenciales es algo cercano a los $1.200. Por supuesto que todos negarán el incentivo monetario como ruin y hasta neoliberal, y esgrimirán todo tipo de altruismos para justificar su candidatura, enarbolando el carácter testimonial de ésta, y peor aún, serán las manidas justificaciones para explicar por qué no alcanzaron más de 130.000 votos (2% más o menos de los votos válidos en última elección).

Dentro de los que estarían en la vecindad del 2% se encuentran los candidatos Eduardo Artés (33 mil en la última elección) y Franco Parisi. El caso del candidato Artés es difícil explicar, salvo que me remita a Sigmund Freud, que sostuvo: “Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo”. Respecto de Parisi, y dada su ascendencia italiana, el refrán que lo interpreta es: “Ogni pazzo vuol dar consiglio”, cuya traducción literal es: “Todo loco quiere dar consejos”. Y en relación a Diego Ancalao, el excandidato del pueblo cuya inscripción fue objetada por el Servel dado su origen fraudulento, el refrán que mejor le va es del escritor Oscar Wilde: “Hay tres clases de déspota: el que tiraniza el cuerpo, el que tiraniza el espíritu y el que tiraniza el cuerpo y el espíritu a la vez. Al primero se le llama Príncipe; al segundo, Papa y al tercero, Pueblo”.

Respecto de ME-O -cuya resiliencia no sólo es innegable, sino que además encomiable-, creo que podría ser una sorpresa, y una bastante desagradable para los candidatos Boric y Provoste. A pesar de su fingido altruismo e imposto progresismo, sus posibilidades y experiencia marcan una diferencia. Por último, si no pasa a segunda vuelta, el negocio no es malo. En su caso, el refrán de Schopenhauer, filosofo alemán, es el que más se ajusta: “Un obstáculo capital del progreso del género humano es que la gente no escucha a quienes hablan con sensatez, sino a quienes hablan más alto”. Hablar alto en esta elección será crucial, como lo será quien prometa continuar con el desenfreno fiscal, y en eso ME-O tiene mucha ventaja, incluso más que Boric y Provoste.

Debe haber muchas razones para postular sabiendo a ciencia cierta que no se va a pasar a segunda vuelta, más aún cuando el premio mayor es llegar a ser presidente de la república, una labor complicadísima en el Chile actual. En fácil, para varios de los que tienen posibilidad cercana a cero de pasar a segunda vuelta, el negocio es redondo. Así es, el que obtenga sin mayor esfuerzo económico un caudal de votos mayor a los 100 mil, generaría un ingreso superior a los ciento veinte millones, lo que, si se divide por cuatro, dada la periodicidad de las elecciones presidenciales, resultan 30 millones al año, o algo más de 2,5 millones mensuales, además de la posibilidad de hacer otras pegas en el intertanto.

En resumen, muchos candidatos donde escoger, con variados intereses y objetivos. Se acerca la hora de elegir, y es nuestra responsabilidad hacerlo bien, y esto no es lo mismo que el “sacar a mil” de las ferias. Es mucho lo que se juega en esta elección, así es que cuando vayamos a votar en noviembre, no olvidemos lo sostenido por Gandhi: “Si hay un idiota en el poder, es porque quienes lo eligieron están bien representados”.

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