El Banco Central, como es lo usual, en su último Informe de Política Monetaria (IPoM) da a conocer los pronósticos de crecimiento económico para el año 2022 y 2023, que alcanzarían, como promedio, un 2% y un 0,5%, respectivamente. Es decir, un crecimiento demasiado pequeño para las necesidades de este país y, lo que es peor, anuncia una contracción en el consumo y la inversión para dicho periodo. A pesar de que nos salvamos de una recesión o contracción económica, gracias al crecimiento mundial y el impacto de éste en el precio de lo que exportamos -como el cobre-, en términos prácticos la sensación térmica para los chilenos comunes y corrientes será la de una recesión.

Y el problema, no para acá. En el mismo IPoM, el Central sostiene que el principal riesgo de dicho pronóstico es que la evolución de las finanzas públicas no sea clara sobre su estabilización en el largo plazo. Y las mayores dudas son las presiones de gasto de un programa político sobrevendido para captar votos y que enfrentará el futuro gobierno con las expectativas de quienes lo votaron, y una parte no menor será cómo financiará las promesas de campaña. Así las cosas, el nuevo Gobierno deberá gastar más para cumplir y no decepcionar a sus simpatizantes, y la pregunta que surge es de dónde provendrán los recursos adicionales requeridos.

Sin duda la reforma tributaria, explicitada en el plan de gobierno del presidente electo Boric sería una fuente de recursos adicionales. Sin embargo, todos sabemos -al menos quienes entienden de finanzas públicas- que dicha propuesta tiene dos problemas. El primero es que no recaudará lo que sostiene, pues la respuesta de empresarios y consumidores a mayores tributos no es lineal, como lo demostró la reforma del ministro Arenas en el segundo mandato de Bachelet. Y lo segundo es que la reforma como está planteada es un inhibidor del crecimiento económico, como lo fue la de Bachelet II, y eso que aquella era muchísimo más modesta que la de Boric.

Por último, y no menos importante, son los equilibrios del futuro Senado y Cámara de Diputados, que limitará seriamente la capacidad del futuro presidente para pasar leyes, ya sean simples o de quorum calificado. En este sentido, la reacción de los convencionales constituyentes, y la obsesión del Partido Comunista con la calle, serán cruciales en cómo reaccionan consumidores y emprendedores. Dañar las expectativas afecta el crecimiento y la recaudación, pero eso pareciera no importarle a buena parte de los constituyentes y al PC.

En conclusión, es más que probable que el gobierno de Boric gaste bastante más que lo que necesitan las arcas fiscales para equilibrarse, con lo cual el temido riesgo del Central a que no se reestablezcan los equilibrios fiscales será una realidad. En ese escenario es factible esperar que el instituto emisor en su próximo IPoM recorte nuevamente el crecimiento para el 2022, con lo cual dejaría la economía al borde de una recesión. En dicho escenario, es de esperar que las exportaciones de Chile, es decir el frente externo, nos ayuden para evitar una contracción económica.

El reconocido expresidente de los Estados Unidos, Benjamin Franklin sostuvo: “Mientras puedes, ahorra para la vejez, porque el sol de la mañana no durará todo el día. Quien compra lo superfluo no tardará en verse obligado a vender lo necesario. Si sabes gastar menos de lo que ganas, has encontrado la piedra filosofal. Un saco vacío se mantiene difícilmente en pie”. Bien haría nuestra clase política en seguir dichas recomendaciones. Lamentablemente creo que muchos en todo el espectro político miran con desdén a quienes sostienen la austeridad fiscal como un emblema y en vez de saco vacío sostienen un saco roto.

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