Uno de los elementos destacables de la propuesta del Colegio Médico para el manejo de la pandemia fue que se priorizaba el retorno a clases de manera presencial. Sin duda es una buena noticia, especialmente por lo que han señalado los expertos respecto a este tema: que los alumnos están dejando de aprender contenido esencial y que, a pesar de los esfuerzos que hacen muchos profesores, esto no sería suficiente para poder mantener un adecuado proceso educativo.

Sin embargo, este consenso no es sostenido por un actor importante en la educación, el Colegio de Profesores. Inmediatamente después de hacerse pública esta propuesta, el presidente del gremio señaló que se oponían a ser los primeros que abrieran y que solo están dispuestos a hacerlo en fase 4 del plan Paso a Paso, porque los protocolos existentes, preparados por cada uno de los colegios del país, resultarían insuficientes para resguardar la salud de los profesores.

Este razonamiento es discutible por, al menos, tres razones. En primer lugar, la educación presencial es una actividad esencial y, por tanto, se requiere un esfuerzo por parte de los encargados de impartirla. ¿Qué pasaría si los encargados de otras actividades dijeran que se niegan a hacerlo porque implica mucho riesgo como el personal de salud, de recolección de basura y muchos otros que han mantenido nuestras ciudades funcionando?

En segundo lugar, la sociedad ha reconocido que la presencialidad importa un riesgo mayor, y por eso se dispuso que los profesores fueran uno de los primeros grupos en vacunarse, para que pudieran ejercer su actividad con el mayor resguardo posible. No se explica que el Colegio de Profesores haya estado dispuesto a que se vacunaran sus asociados -antes que otros grupos de riesgo- si finalmente solo iban a estar dispuestos a volver a la presencialidad cuando se permitieran todas las demás actividades. No podemos vacilar en calificar de un aprovechamiento esta postura del Colegio de Profesores. Más aún cuando el mismo presidente del gremio se vacunó frente a las cámaras en La Florida, antes de lo que le correspondía su edad, por el solo hecho de ser profesor. La gran interrogante que surge es, ¿para qué?

Por último, llama la atención la excepcionalidad que busca este gremio. En el resto de los países del mundo se ha entendido que las escuelas es lo último que debe cerrarse cuando se confina, y lo primero que debe abrirse. El apoyo a estas medidas ha sido transversal porque se entiende la importancia y el daño que se le hace a los niños al tenerlos encerrado y sin acceso a la educación que merecen.

El Colegio de Profesores ha perdido nuevamente una oportunidad: demostrar que realmente le importan los niños y la educación de Chile y no meros intereses particulares como lo vienen haciendo hace mucho tiempo.

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1 comentario

  1. El Colegio de Profesores es un tinglado político partidista anclado en la extrema izquierda revolucionaria y violenta, que representa escasamente a un 10% de los profesores del país, hay que dejar de tomarlo en cuenta.

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