Durante la semana que termina, se concluyó la tramitación de la denominada Ley Dominga, que “establece un estándar especial en relación con el manejo clínico y acompañamiento a madres y padres que hayan sufrido una muerte gestacional o perinatal”. Con ella se pretende llenar un vacío de nuestra legislación, en orden a regular el trato que los servicios de salud -y la sociedad en general- le deben dar a las madres -y padres- que sufren la pérdida de un hijo o hija antes de nacer, a lo que se le denomina pérdida reproductiva o muerte perinatal.

El proyecto se origina en una moción de las senadoras Carolina Goic, Yasna Provoste, Marcela Sabat y Ena Von Baer, y del senador Rabindranath Quinteros, quienes para explicar su iniciativa cuentan, entre otros argumentos, la experiencia de Aracelly Brito Muñoz, quien luego de sufrir la pérdida de su hija (Dominga) producto de un aborto espontáneo, inició una campaña para visibilizar su experiencia; la misma experiencia de aproximadamente el 25% de las mujeres, que sufren al menos una vez en la vida la pérdida de un hijo(a) en gestación. “Nosotros vivimos una cantidad de indolencias y falta de humanidad… La falta de protocolos, de acompañamiento digno, de humanidad, de derecho a estar con tu bebé, de tener que estar internada con mamás con hijos vivos, el cero acompañamiento psicológico, ninguna explicación a nada y tantas cosas más”, relató Aracelly Brito en una entrevista a Radio BioBio el pasado 14 de marzo. Su experiencia es especialmente dolorosa, ya que sufrió dos pérdidas en muy poco tiempo: un hijo con nueve semanas de gestación, y luego Dominga, que murió en el vientre materno cuando el embarazo ya era de término.

Su campaña se hizo eco rápidamente, ya que durante el pasado mes de abril se presentó el proyecto que en los próximos días será publicado en el Diario Oficial: tramitación extraordinariamente rápida para los estándares de nuestro poder Legislativo, que demuestra que cuando se tiene la voluntad de hacer las cosas, se puede.

La nueva ley modifica aquella N° 20.584, que regula los derechos y deberes de las personas que requieren atención de salud, y que tiene por propósito que el paciente reciba un trato digno en al menos cuatro esferas: lo emocional -que se relaciona fundamentalmente con el ser tratado como persona (trato humano)-, la información durante la atención de salud, el derecho a contar con un médico comprometido/responsable y la atención oportuna.

Es en ese contexto que se busca que la madre -y padre- que sufren una pérdida gestacional reciban acciones concretas de contención, empatía y respeto por su duelo. Asimismo, se aumentaron los permisos que el empleador debe otorgar al trabajador(a) que sufre la muerte de un hijo (de 7 a 10 días) o de un hijo en gestación (de 3 a 7 días).

En lo personal, recuerdo que mi madre sufrió al menos dos abortos espontáneos -hace ya varias décadas-, y que nunca le preguntaron qué hacer con los restos de sus hijos. Hoy, al menos se le da la posibilidad a la madre de enterrar los restos de su hijo(a) no nacido, en incluso se puede inscribir su nacimiento -y defunción- en el Registro Civil: así, queda al menos un testimonio de su paso por este mundo, y cabe la posibilidad de darles sepultura, visitarlos y así recordarlos.

Esta dolorosa realidad, y el esfuerzo de nuestros legisladores y de personas comprometidas como Aracelly Brito para visibilizarla socialmente contrasta e incluso se contradice con otras iniciativas legislativas en actual tramitación.

En efecto, a comienzos de año la Comisión de Mujer y de Equidad de Género de la Cámara de Diputados y Diputadas, comenzó la discusión de un proyecto que busca despenalizar el aborto hasta las 14 semanas de gestación, que fue presentado el año 2018 por las diputadas Camila Vallejo (PC), Camila Rojas (Comunes), Karol Cariola (PC), Maite Orsini (RD), Natalia Castillo (Ind.), Gael Yeomans (CS), Claudia Mix (Comunes), Daniela Ciccardini (PS), Emilia Nuyado (PS), Catalina Pérez (RD), Cristina Girardi (PPD) y Loreto Carvajal (PPD). Y también hace algunos días, dicha Comisión lo rechazó por 7 votos contra 6, lo que motivó la crítica de la Presidenta del Senado a su camarada Joanna Pérez (DC), quien votó contra el proyecto. En efecto, a juicio de doña Yasna Provoste “la despenalización del aborto no es un tema valórico sino de DDHH de las mujeres y mi compromiso está en que el proyecto sea aprobado. Me la jugaré para que diputados DC apoyen en la Sala la iniciativa. Las mujeres de Chile merecemos más.

Más allá de lo valórico, como señala la propia senadora, creo que la actitud de nuestros(as) legisladores(as) es perturbadoramente contradictoria: por una parte pretenden dar un trato más humano a las mujeres que sufren un aborto espontáneo y dignificar  a sus hijos(as) nonatos -sin distinguir las semanas de embarazo o edad gestacional-, y por otra parte, pretenden tratar a ese nonato como una cosa de la que se puede disponer sin más, desconociéndole su humanidad: porque mientras los niños(as) que mueren producto de un aborto espontáneo tienen al menos la posibilidad de ser sepultados y recordados, aquellos que mueren producto de un aborto provocado terminan siendo un desecho en algún basural. ¿Puede ser eso un derecho humano?

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