Janis Meneses, Rosa Catrileo y Luis Jiménez son los autores de la indicación aprobada por 9 votos contra 2 en la subcomisión de Estructura y Funcionamiento, que eliminó la frase “de la República de Chile” de la propuesta reglamentaria sobre “organización, funcionamiento y procedimientos de la Convención”.

Lo ocurrido en la subcomisión reviste mayor gravedad de lo que parece, porque no solo eliminaron República de Chile, sino que en el primer artículo aprobado se estableció que “la Convención es una Asamblea representativa, paritaria y plurinacional, de carácter autónomo, convocada por los pueblos de Chile para ejercer el poder Constituyente”.

A mi parecer, es de vital importancia entender que ese texto y la eliminación de República de Chile no son simplemente ocurrencias al azar de los nueve personajes que lo aprobaron. Detrás de todo esto hay una agenda política de la izquierda que nos señala claramente que pretende una refundación de nuestro país, y quién sabe si hasta cambiarnos el nombre.

El texto que define lo que es la Convención contiene varios elementos de dicha agenda. En primer lugar, en medios de izquierda se aplaude dicha definición por demostrar ser una “emancipación de la Constitución de 1980”, al definirse de carácter autónomo y evitar lo que quería la derecha que era reproducir los artículos completos del Capítulo XV actual.

Sigamos. La palabra «Asamblea» para definir la Convención fue intencionalmente descartada del acuerdo del 15 de noviembre, para evitar cualquier alusión a Asamblea Constituyente, pero es la que se aprobó. Al otorgarle carácter plurinacional y convocada por los pueblos de Chile, simplemente se borra de un plumazo que Chile es un Estado unitario, no plurinacional y que el pueblo es uno solo. Y el carácter autónomo como se define, implica no reconocer el origen constitucional de esta Convención.

Después de aprobar dicho texto, en el siguiente artículo del reglamento propuesto se eliminó República de Chile. Eso es renegar de más de 200 años de historia; es desconocer lo que somos como país; es un insulto a nuestro ser nacional, que se suma a la afrenta a nuestro himno el día de la inauguración de la Convención y a la pretensión de cambiar nuestro emblema patrio.

Y en la comisión de descentralización no se quiere hacer mención a las regiones, bajo el argumento que «no saben si esa es la forma en que van a organizar el país».

Quiero agregar otro hecho, que aislado pareciera una extravagancia, pero cuando se conecta a los demás, nos señala una intención. No es casualidad que Jaime Bassa hable en femenino, y no porque se crea mujer, sino que lo hace para intentar reparar, según él, el que durante años el lenguaje se refiriera a los hombres en forma genérica, con lo cual, hablando en femenino se estaría reivindicando y reparando a la mujer.

Y eso mismo se extiende a las minorías sexuales, a los pueblos originarios, y a todos los que se sientan “oprimidos”, a los que habría que reparar con acciones concretas. Por eso los pueblos originarios tienen más asignaciones. Por eso hay algunos más iguales que otros. Por eso la cultura de la cancelación.

Pero hay algo más grave aún. El viernes pasado, la Comisión de DDHH de la Convención, decidió que “desde la perspectiva del criterio que prohíbe el negacionismo, aprobado con fecha 31 de julio, no se aceptará su solicitud de audiencia y quedarán fuera, las fundaciones Jaime Guzmán, Cuide Chile y el movimiento Acción Republicana”. Y además, la misma comisión, por 10 votos a favor, 2 en contra y 2 abstenciones, resolvió que el Almirante Arancibia no participe en las audiencias públicas, a fin de garantizar un espacio libre de violencia y revictimización.

Para terminar, se comenta en voz alta en los pasillos que hay que hacer una Constitución que esté en las antípodas de la que nos rige hoy, porque según sus sostenedores, hay que reivindicar 30 años de una constitución en extremo capitalista, neoliberal y subsidiaria, para equiparar y corregir, para reparar, como lo hace Bassa con su lenguaje feminista.

Lo que está en juego es la esencia misma de nuestro ser nacional. Chile es una República democrática y el Estado es unitario, donde conviven distintas comunidades del más diverso origen, que pretenden vivir en paz, educar a sus hijos y desarrollar sus talentos con plena libertad. Esto no lo aceptan y es lo que quieren refundar.

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1 comentario

  1. En un grupo nos preguntábamos qué temas nos preocuparían principalmente en el futuro inmediato.
    Algunos mencionaron temas climáticos o geopolíticos,por cierto graves e importantes.
    Otros más localistas señalaron como relevante la farandulizacion de nuestras dirigencias y nimiedad de las Instituciones del Estado.
    Al leer a Jankelevich nos damos cuenta que el gran tema de nuestra sobrevivencia como país se está jugando detrás de espejos y luces engañosas que parecen circenses y divertidas,pero esconden titiriteros consumados y destructores del Chile bicentenario que queremos para nuestros hijos

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