El Partido Comunista, por iniciativa de Marcos Barraza, su articulador clave en la Convención, logró aprobar en la comisión de ética que se sancione el negacionismo, entendiendo como tal “toda acción u omisión que justifique, niegue o minimice, haga apología o glorifique los delitos de lesa humanidad ocurridos en Chile entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1990”. Es lo mismo que aprobó la Cámara el año pasado, con sanciones que incluían la pena de presidio, entre 541 días a 3 años, y multas de 40 a 60 UTM, y que finalmente el TC, por 9 votos contra 1, declaró la “inconstitucionalidad del proyecto de ley frente a la garantía fundamental de la libertad de expresión, consagrada en el artículo 19 N° 12 constitucional”.

¡Qué gran ironía que en el organismo encargado de redactar la nueva Constitución se apruebe dicha iniciativa!

Pero no les bastó solo eso, agregándole a lo anterior, “y las violaciones a los DDHH ocurridas en el contexto del estallido social de octubre 2019” además de “toda acción u omisión que justifique, niegue o minimice las atrocidades y el genocidio cultural de las que han sido víctimas los pueblos originarios y el pueblo tribal afrodescendiente a través de la historia, durante la colonización y a partir de la constitución del Estado de Chile”.

Esta iniciativa, que deberá ser finalmente aprobada por el pleno, es una muestra más del sesgo y cinismo del PC y sus adláteres en el tema DDHH. El PC se pretende alzar como el adalid de dichos derechos, cuando fueron capaces de asesinar en democracia a Jaime Guzmán, siendo Senador en ejercicio, y declarar ese magnicidio como políticamente ético. Menciono este trágico crimen porque además decidieron impedir, por negacionista, que la Fundación Jaime Guzmán participara en la Convención, lo que tuvieron que revertir por la airada reacción que esto generó.

Esta pretendida superioridad moral del PC y sus compañeros de ruta es obscena y maniqueísta, pues para ellos los DDHH son solo una consigna a utilizar como instrumento político, adhiriendo religiosamente a su defensa cada vez que lo estiman conveniente para sus intereses, pero se niegan a esgrimirlos cuando se trata de condenar a los regímenes afines a su ideología, como lo demostraron ante la violenta represión en Cuba; o frente a los violentistas que atacan y queman a Carabineros con bombas molotov; o cuando se niegan a compensar a las víctimas de la violencia de octubre y por el contrario legislan para amnistiar a sus victimarios.

Lo que mejor ilustra su integridad moral es que estos mismos catones que aprobaron la iniciativa de Barraza, son los que practican la cultura de la cancelación; los negacionistas intelectuales del derecho a participar en la Convención de quienes no piensan como ellos pues los consideran privilegiados; los mismos que pretendieron negarle al Almirante Arancibia su derecho a intervenir en la comisión de DDHH; los negacionistas de que Chile es una República; los que se niegan a cantar nuestro himno nacional, los mismos que reniegan de nuestra bandera. Son los fariseos del negacionismo.

Es de esperar, por el bien del país, que prevalezcan las voces moderadas, que el diálogo fructifique y que no se intente imponer una única verdad, acallando las críticas y las voces disidentes. Por el contrario, si la mayoría circunstancial de la Convención Constitucional intenta refundar Chile partiendo de cero, sin considerar opiniones divergentes y pasando la aplanadora, nuestro destino estará en serio riesgo.

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