El martes pasado, la Convención Constitucional debía elegir la mesa directiva que reemplazaría a Elisa Loncón y Jaime Bassa. Dado que la izquierda cuenta con 118/155 convencionales y por lo tanto controla la convención, nada hacía presagiar lo que ocurrió, pues contaban con los votos necesarios y suficientes para elegir fácilmente tanto al presidente como al vicepresidente en reemplazo de la directiva saliente.

Pero de fácil, la elección no tuvo nada, pues se necesitaron 9 votaciones y dos días para que finalmente se resolviera. Sin embargo, lo que logró ese espectáculo, indigno de un organismo que está decidiendo ni más ni menos que la Suprema Ley de la República, fue abrir la caja de Pandora, desde salieron todas las dudas.

Las interrogantes que surgen de lo sucedido son profundas y variadas, partiendo por preguntarnos si existe realmente unidad de propósitos entre el Frente Amplio y el Partido Comunista, la alianza Apruebo Dignidad que supone ser el núcleo duro del gobierno de Boric, dado el comportamiento que han tenido hasta ahora en la Convención y particularmente lo ocurrido en la elección del martes pasado.

Si existiera unidad de propósitos, no se entiende que en las nueve votaciones para elegir la mesa, nunca pensaron en alinear fuerzas y presentarse como un bloque unitario, sino que por el contrario, siempre fueron divididos disputándose el poder, donde finalmente salió victorioso el PC.

Y el FA, derrotado, no logró mantenerse en la testera, perdiendo tanto en la elección de presidente como en la de vicepresidente. Optaron por apoyar nuevamente a Amaya Álvez y le fue muy mal, al igual que con Beatriz Sánchez. En resumen, el PC les pasó por arriba y de la unidad, nunca más se supo.

Las dudas que se instalan a raíz de esto son variadas, profundas y relevantes, pues nos hablan de diferencias aparentemente irreconciliables al interior de la coalición. Por de pronto entonces, resulta imprescindible saber cuales son esas diferencias; qué propósitos tiene el PC que no parecieran alineados con los del FA y viceversa; que diferencias hay respecto de la moderación y gradualidad en las reformas; sobre la conformación del gabinete, y un largo etcétera. 

Y si esto ocurre en la Convención, la pregunta que surge a continuación es qué gobernabilidad ofrece Apruebo Dignidad.

La otra gran duda la generó la presidenta de la Convención, María Elisa Quinteros, quien a las pocas horas de ser elegida privilegió su ideología vs la imparcialidad con que debiera ejercer su cargo, creando incertidumbre sobre las garantías que tendrá la ciudadanía no afín a sus ideas, en los seis meses que quedan para elaborar la nueva Constitución. 

Lo que sucedió fue que el Movimiento Educación Libre y Diversa llegó hasta la Convención para presentar su iniciativa popular homónima, que ya consiguió las 15.000 firmas, y la Presidenta, sin explicación alguna, no los quiso recibir, según comentó Claudio Salinas, Director Ejecutivo de la Coordinadora de Movimientos Ciudadanos. Pero a continuación, si salió a recibir a una iniciativa de norma que promueve una educación feminista, pero que aún no reúne las firmas. Si así continúa ejerciendo el cargo, no habrá garantías de igualdad para todos.

Finalmente, la gran duda que emanó de la caja de Pandora es que tipo de Constitución va a salir de esta Convención. Lo planteo porque hubo intentos de elegir a otro convencional para presidir la mesa, pero el hecho que tuviera votos favorables de parte de Chile Vamos, para los sectores radicales de la Convención, los que la controlan, le restaría legitimidad al cargo.

¿Será, entonces, la nueva Constitución la casa de todos, o solo será la casa de la izquierda radical?

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