William Golding y J.R.R. Tolkien son dos notables escritores ingleses de la postguerra. Ambos publicaron sus obras maestras en 1954 y escriben, en el fondo, sobre las grandes interrogantes del ser humano: la lucha entre el bien y el mal, el libre albedrío y los valores que nos definen.

Pero hasta aquí llegan las coincidencias. Golding, premio Nobel 1983, relata en “El señor de las Moscas” los intentos de sobrevivencia de una treintena de niños que sufren un accidente de aviación en una isla del Pacífico. La novela relata la pérdida progresiva de civilización del grupo. Primero se produce una lucha de poder entre los líderes, luego se abandona a su suerte a los más pequeños y finalmente el grupo más agresivo termina absorbiendo al rival y asesinando a los disidentes. Es una obra profundamente pesimista respecto a la naturaleza del hombre.

J.R.R. Tolkien no ganó el Nobel, de hecho se lo negaron en 1961, pero su obra maestra “El señor de los anillos” ha vendido diez veces más que la de Golding. El libro relata los esfuerzos de la “comunidad del anillo” -un grupo heterogéneo de elfos, hombres, enanos y hobbits- por resistir y vencer a Saurón -el mal- que está por conquistar y destruir su mundo, la tierra de todos. Finalmente, y contra toda probabilidad, logran sobrevivir y vencer al enemigo común, pero ello es posible sólo por el trabajo y apoyo de cada uno de ellos. Tolkien, un católico devoto, impregna su obra de optimismo y esperanza en la humanidad.

En estos tiempos de pandemia el virus pone a prueba nuestro temple y nuestros valores y tenemos la opción de comportarnos como los personajes de uno u otro libro. El primero se reconoce en el acaparamiento de bienes esenciales, las fiestas en medio de la cuarentena, los que, teniendo los medios, no pagan a sus empleados y proveedores. También gobiernos que requisan los insumos médicos de otros o que presionan a las farmacéuticas para tener la exclusividad o privilegio en una futura vacuna.

La obra de Tolkien inspira a los que arriesgan sus vidas en hospitales, supermercados y fuerzas de seguridad para minimizar el impacto sanitario y mantener el país funcionando; a los empresarios y personas naturales que recolectan fondos para comprar respiradores e insumos médicos; a las personas que, a pesar de la recesión, siguen apoyando a las instituciones benéficas. También a las instituciones y gobiernos que reconocen que la salud de sus habitantes también depende de que el virus no permanezca y mute en países pobres como Irán, Haití y Etiopía.

Esta pandemia no amenaza sólo a nuestra salud, sino lo más importante, a nuestra humanidad. La forma que salgamos de esta crisis revelará los valores que realmente nos definen. Tenemos que escoger si seremos Jack, el líder de los cazadores de “El señor de las moscas”, o Frodo, el héroe que derrota a Saurón en el “El señor de los anillos”.