Muchos feligreses nos preguntamos en qué anda la Iglesia Católica. El país vive tiempos convulsionados y el silencio de la Iglesia resulta perturbador. Frente a cada una de las crisis institucionales o convulsiones sociales que hemos debido enfrentar desde la Independencia, la voz iluminadora de los pastores se levantaba como un faro que nos guiaba a través de la densa niebla. Pero tampoco podemos declararnos sorprendidos por su silencio. La Iglesia ha vivido quizás la peor crisis de su historia: la denominada “cultura del abuso”, enquistada a todo nivel dentro la jerarquía eclesiástica y cuyo silencio resultó para muchos desmoralizante. Evidentemente ambos silencios no son comparables, siendo el encubrimiento una actitud o estrategia imperdonable e injustificable a la luz de los casos conocidos.

Pero hay esperanza. Llegó a mis manos un interesante libro que aborda, en un lenguaje sencillo y útil, el fenómeno de los abusos dentro de la Iglesia, con una mirada multidisciplinaria de sus causas y consecuencias. “El problema de los abusos en la Iglesia. Una mirada multidisciplinar” (Cristián Eichin y Walter Sánchez, editores, Editorial Universitaria de Valparaíso, 2021) es un valioso aporte a la temática de los abusos, ya que busca entregar herramientas concretas, a partir de la teoría y de la praxis, para enfrentar esa “cultura del abuso” y encararla a través de la prevención y acompañamiento a las víctimas, a partir de la propia experiencia del Consejo para la prevención y acompañamiento de víctimas de la Diócesis de Valparaíso.

Sin incursionar en los elementos teológicos, espirituales o religiosos de la crisis de la Iglesia, podemos afirmar que ella contribuyó, en su propio mérito, a su descrédito y pérdida de confianza entre los chilenos. Junto con los abusos de los políticos, empresarios, entre otros, los abusos de la Iglesia vinieron a sumarse a una crisis generalizada de desconfianza hacia las principales instituciones del país, que derivaron en el llamado “malestar social” del 18/O. Mientras los partidos políticos (2%), el Congreso (8%) y las empresas (14%) fueron mal evaluadas en la ultima encuesta CEP (abril, 2021), la Iglesia Católica marcaba un paupérrimo 17% de confianza ciudadana. Pero a diferencia de aquellas otras instituciones, la Iglesia -encabezada por el Papa Francisco- ha encarado genuina y frontalmente su crisis fijando una hoja de ruta para lograr su anhelada reconversión. Tarea compleja y de largo plazo, donde los feligreses no podemos permanecer como espectadores pasivos.

El silencio reprochable de antaño, para evadir una triste realidad de abusos, no puede convertirse hoy en un silencio ausente para abordar todos los desafíos que tiene la Iglesia frente a las importantes discusiones constitucionales que se vienen en el trabajo constituyente. Los feligreses queremos escuchar la voz de nuestra Iglesia, fuerte y clara, para promover y defender los valores que representa en la Convención Constitucional. La Iglesia -que somos todos- debe renunciar al silencio. Es hora que la jerarquía eclesiástica y sus pastores salgan de las sombras y encausen a sus ovejas en el debate público. La oración no es suficiente.

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