Vivimos en tiempos de cambios globales e iniciativas de transformación. Todos están hablando de que la sociedad necesita un cambio. Hay posiciones que buscan refundarlo todo y otros que piensan en corregir lo existente. La pregunta es qué tipo de cambios estamos buscando. ¿Y qué pasa con la Empresa?

Desde hace un buen tiempo, años, ya no se mira a la empresa solamente como un sistema capaz de generar riqueza y maximizarla para sus dueños, entregando productos y servicios. En efecto, hemos visto una evolución hacia roles que la integran en la sociedad, pasando por la Responsabilidad Social Empresarial, hacia la inclusión de nuevos tipos de empresa con triple impacto, “Empresas B”, empresas gestionadas con criterios de inversión Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ESG en sus siglas inglesas), o la adhesión a los criterios ODS de la ONU en su Pacto Global, entre muchas otras buenas iniciativas.

Como consumidores, asimismo, estamos cada vez más informados e interesados en la calidad de buen ciudadano que nos presenta una empresa a través de sus productos y servicios, permitiéndonos preferirlas en nuestras decisiones de compra, incluso con independencia del precio del producto o servicio. Lo mismo ocurre, cada vez con más fuerza, en el mercado laboral: los trabajadores, especialmente los más jóvenes, evalúan su trabajo también por su contribución e impacto a la sociedad, y no solo por su remuneración.

La empresa ha estado en procesos de cambio; emprender y hacer empresa es un desafío mayúsculo, sin considerar siquiera la necesidad de competir en mercados cada vez más informados y con menores barreras de entrada. Sin embargo, el escenario futuro será aún más complejo y desafiante. La empresa, así, seguirá transformándose.

Aquí aparece la importancia vital de un nuevo propósito, que esté alineado con el rol social de la empresa. En USEC, Unión Social de Empresarios Cristianos, vemos a la empresa exitosa como aquella en la cual su propósito esté puesto en la generación de bien común y como consecuencia de ello obtenga su rentabilidad, sustentabilidad y éxito.

Este éxito estará entonces en aquellas empresas que se gestionen buscando las 3B: Buenos productos y servicios, que realmente sirvan a la sociedad; Buen Trabajo, que permita el florecimiento de todas las capacidades de cada trabajador y su sustento con calidad de vida para ellos y sus familias; y Buena Riqueza, indispensable para la subsistencia, pero siempre bien habida en relaciones éticas, justas y con total cuidado de la casa común.

Cada vez que la empresa se relaciona con alguno de sus públicos de interés, ya sea en el Buen Producto (clientes y proveedores), el Buen Trabajo (colaboradores y sus familias) y la Buena Riqueza (comunidad, autoridades, accionistas), debe hacerlo poniendo a la persona en el centro de las decisiones, de manera de generar una transformación social hacia el bien común, cumpliendo su propósito.

Este nuevo propósito requiere que cada integrante de la organización se sienta desafiado por un sentido más amplio de la vida, consiga una transformación personal trascendente, y así, se conecta el propósito de la empresa con el propósito de vida propio de cada colaborador.

La suma de muchas pequeñas acciones de transformación social nos permitirá construir la sociedad más justa, solidaria y humana que todos queremos. Como sociedad tenemos que avanzar colaborativamente en este plan común, donde a cada uno le corresponde asumir su parte. Vivimos procesos de cambio y transformación que deben ser vistos como oportunidad para mejorar y conseguir bienestar sostenido para todos. Que el bien común sea el propósito de la empresa y sus trabajadores, es el cambio que desde USEC impulsamos con convicción y optimismo.

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