En momentos que enfrentamos una pandemia brutal, en paralelo también algunos pretenden figurar con iniciativas malsanas y zancadillas ingratas que, definitivamente, nos desconectan de las principales inquietudes que claman los chilenos hoy: salud y trabajo.

Ciertamente, en esta dura tempestad, los egoísmos pesan más. Entiendo que la política en tiempos de pandemia tampoco se detiene, pero qué bueno sería si suspendemos indefinidamente los antojos y obsesiones de un grupo y, más bien, nos enfocamos en construir ese espíritu colaborativo que nos demanda esta hora crítica nacional. En otras palabras, qué buen regalo para Chile sería si anulamos los caprichos de unos pocos y relucimos el rostro generoso de todos los liderazgos políticos.

A decir verdad,  si algunos se frotan las manos creyendo que sus planes no cooperativos hunden al Presidente, les tengo una mala noticia: nos hundimos todos los chilenos. Pues, no es difícil suponer que si el Gobierno fracasa en la gestión de la crisis sanitaria, económica y social, nadie –absolutamente nadie- gana. ¿Qué tal si terminamos de jugar ese partido extraño donde todos somos perdedores? Si no somos benévolos hoy, lamentablemente, dejaremos un camino de ruinas por azuzar la sinrazón.

El porvenir de Chile lo determinará la voluntad solidaria que ofrezcamos ahora. Sería triste que en diez años más adelante, cuando miremos por el retrovisor por unos minutos, nos sintamos miserables y esclavos de un dolor por no haber sido sensibles y generosos en esta crisis sin precedentes que nos desconcierta sin distinción. Seguro que más de uno sentirá remordimiento si mañana Chile sufre más de lo que pudo haberse evitado hoy. Por ello, prefiero alertar ahora y, de la misma manera, decir que estamos a tiempo de  actuar con sentido de nación.

Tenemos una urgencia que nos súplica actuar juntos. Ni el orgullo, ni el odio, ni el revanchismo son buenos consejeros. Sería saludable si apartamos esos sentimientos de la mesa para conversar y generar, en unión, un clima fructífero. Insisto, la esencia de estos días debe ser una persistente cooperación sin medias tintas.

Francamente, no debe haber espacio para aquellos que quizás actúan creyendo que si no colaboran hoy, entonces mañana podrán responsabilizar al Gobierno y podrán darse el gusto ruin de apuntar con el dedo inquisitivo, junto a la frase engreída que arropa el “yo te lo dije”. Este comportamiento solamente provocará efectos nocivos para los sueños de todos los chilenos.

No iremos a ningún lado si incitamos las bajas pasiones que desaparecen la racionalidad. No hay triunfos que festejar, si para ello tenemos que inundar de trabas a un Gobierno que, dicho sea de paso, también, como nosotros, quiere construir un bienestar inclusivo y sostenible para la población en general.

¿Qué tal si le damos un pitazo final a esos juegos de suma cero estériles y nos ponemos de acuerdo por Chile? Construyamos ese lenguaje y proceder distinto, donde emerjan los acuerdos edificantes que ayuden a paliar los daños del coronavirus y, asimismo, contribuyan a enfrentar los grandes desafíos venideros. Esto no es un combate que alguien sorteará en solitario. En definitiva, busquemos ser parte de la solución, y no del problema. La historia premiará a quienes hayan estado a la altura.