Hasta hace unos años se calificaba el arsenal nuclear de China como un gesto testimonial, ya que debido a su limitada cantidad de ojivas y autodeclarada intención de ser solo un arma defensiva, no alteraba el equilibrio estratégico entre URSS/ Rusia y Estados Unidos, que tiene además un mecanismo formal de diálogo ratificado en 1985 con la declaración Reagan – Gorbachov. Efectivamente un simple conteo de las ojivas permitía constatar que el número de armas estratégicas china era reducido. Actualmente, Rusia tiene 6.375 y Estados Unidos 5800, China contabiliza 370 ojivas activas.

Sin embargo, conforme el ascenso de China se hizo más evidente, en 2015 se pasa al proceso de consolidación de China como superpotencia a la par que Estados Unidos. También es el momento del giro de su política exterior, que de la no intervención se pasa a la influencia global, y que se expresa con la “diplomacia del lobo guerrero”, que implica un cambio en la moderación y lenguaje del personal chino en el exterior, y en un mayor uso de la amenaza en el escenario internacional.

El relato autorreferente de China como poder imperial, se instala en esta segunda fase del periodo de Xi Jinping como una presión para alcanzar estatus político y militar acorde a sus pretensiones que la “civilización china” sea considerada como un eje del orden mundial multipolar y también en la zona del Asia Pacífico y sus mares adyacentes. A ello obedece su indisimulado subsidio a Moscú, que permite desligarse de aspectos militares directos, mientras al mismo tiempo sus medios empiezan a tocar aspectos que tocan la seguridad rusa como sus incursiones de patrullaje naval en el Ártico, zona de influencia innegablemente rusa.

A la expansión del alcance de los bombarderos chinos y de su flota, se unen los desarrollos en tecnología misilistica, especialmente el del misil Dong Feng 17 (2019),un nuevo tipo de vectores hipersónicos, con velocidades sobre los 5.000 kilómetros y hasta 27 veces Mach, que tienen capacidades de vuelo orbital y de planeo suborbital: dicho en simple, que pueden realizar un bombardeo nuclear con muy poca antelación al impacto, porque pueden lanzar la carga planeando y en trayectoria imprevisibles, lo que coloca en duda la capacidad de cualquier sistema antimisiles.

Y si esto fuera poco, China está probando tecnología 6G en el espacio que tendrá directa incidencia en la capacidad de cegar los satélites y sus sistemas de mando y control. Una guerra entre potencias, lo dicen todos los analistas, empezaría con el apagón de las comunicaciones y la desconexión con los sistemas anti misiles. Y todo esta tan conectado que el Ejército de Liberación chino creó una rama denominada Fuerza de Apoyo Estratégico que se enfoca en capacidades cibernéticas, la guerra electrónica y el espacio ultraterreno, recordando que los satélites, comunicaciones, vectores de lanzamiento y centros de mando y control, están todos relacionados.

Así visto, China ahora tiene mejores vectores, es decir los vehículos capaces de desplegar sus ojivas y todo indica que podría tratar de subir a 700 o 1.000 ojivas hacia 2030 desde las 360 antes mencionadas. En este contexto, el llamado del Director general del Departamento de Control de Armas del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Fu Cong, a que Rusia y Estados Unidos reduzcan su arsenal nuclear (“Estados Unidos y Rusia todavía poseen 90% de las ojivas nucleares en la tierra”, 4 de enero de 2021) cumple tres objetivos: notificar a ambas potencias que el sistema estratégico reposara sobre una triada con China como potencia nuclear; mantener el proceso de modernización de su armamento nuclear; y reducir el costo de este esfuerzo si Rusia o Estados Unidos disminuyen su arsenal.

Sea como sea, China se pondrá en el mismo nivel que Washington y Moscú en poco tiempo. Ciertamente, esto contradice la declaración del 3 enero de 2022 de los P5 (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia) las potencias nucleares “oficiales” (las otras son Corea del Norte, Israel, India, Pakistán) que acordaron prevenir una guerra nuclear, evitar la carrera armamentista, dar máxima seguridad a los arsenales, cumplir los tratados bilaterales y reafirmar el compromiso de desarme al que aludió el canciller chino.

Pero como se ha dicho en otras ocasiones, las buenas voluntades no son tan claras, en un momento que Rusia, China y Estados Unidos están en una desenfrenada carrera armamentista y que nadie ha pensado en reducir sus arsenales nucleares, sino solamente limitar la proliferación horizontal a otros Estados, mientras incrementan la proliferación vertical en sus arsenales, con más ojivas, más poder destructivo y mejores vectores.

La mesa está servida, el equilibrio estratégico pasara de dos a tres. Y eso es multitud como expresa el dicho.

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