Días claves para su futuro vive la Convención Constitucional. En los últimos días, además de la reorganización de nuevos colectivos y fuerzas al interior de ésta, se está cerrando el proceso de las comisiones provisorias y a pesar de la intensiva participación de los convencionales de Vamos por Chile, hay que reconocer que el camino está difícil.

Sin embargo, antes de continuar con esta reflexión, quisiera hacer un reconocimiento especial por aquellos funcionarios que han sostenido el proceso, a pesar de la poca correspondencia en amabilidad y trato hacia su trabajo en las comisiones. Ellos enaltecen la función pública frente a la ciudadanía, al revés de cuando se discute cómo y cuánto aumentar asignaciones para asesores y gastos más allá de lo prudente.

En las próximas semanas el Reglamento será visto en el pleno, incorporando todos los informes elaborados por las comisiones, revisando propuestas y votando las indicaciones pertinentes. A pesar de algunas intenciones de veto, finalmente se pudo escuchar a la mayoría de las personas y agrupaciones que han solicitado audiencias públicas. Este espacio ha sido muy valioso y significativo para la sociedad civil y la academia, que han visto en la mayoría de los constituyentes una disposición a escuchar.

Si bien las comisiones provisorias recogieron una amplia diversidad de temas, hemos conocido algunos borradores bastante polémicos. Por ello, es importante reiterar una y otra vez que el Reglamento debe permitir un buen funcionamiento de la Convención, que permita la democracia deliberativa, la inclusión y facilite la participación de cada constituyente por igual, lo que debiese ser la esencia del proceso.

En pocas palabras, la Convención vivirá un examen democrático, donde establecerá las reglas del juego para los meses restantes. Podremos ver quiénes y cuántos creen en el legítimo derecho de cada constituyente de estar ahí, de expresar sus ideas, sin vetar el diálogo y/o enumerando variopintas condiciones para promover la exclusión. En esta etapa podremos apreciar el peso real de cada fuerza política y su compromiso con una real propuesta de nueva constitución que sea la repetida “casa de todos”.

No obstante, Vamos por Chile corre el riesgo que, con sólo 37 representantes, lo sobrepasen en cada argumento y votación. Es pertinente, entonces, triplicar los esfuerzos en construir alianzas particulares para temas específicos y ser realmente incumbentes en el proceso. No se ve otra alternativa. Todos los gestos suman.

En lenguaje futbolístico, los convencionales del sector están jugando el partido definitivo de visita, en una cancha pesada y con el fanatismo del público local en las tribunas. Y esa presión la hacen notar, con la amenaza latente de la calle. Pero como chilenos, sabemos que esos partidos sí se pueden ganar, siempre que sus jugadores den lo máximo, vayan con actitud y planeen bien sus acciones.

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