El legado del gobierno de Trump se percibe en muchas áreas en la actual administración Biden, como es en lo concerniente a la política exterior. El retiro de Afganistán empezó con Trump, el fortalecimiento de la OTAN también, y en el caso de América Latina, el recrudecimiento de las sanciones hacia Cuba y Venezuela son una marca registrada del exasesor de seguridad nacional John Bolton.

El actual presidente estadounidense ha mantenido las sanciones hacia ambos países latinoamericanos, contra el pronóstico de algunos expertos de que un mandatario demócrata pudiese retomar el histórico acercamiento hacia la isla que empezó el gobierno de Obama. Pero son pronósticos muy superficiales, que no dan cuenta de los cambios en la región ni a nivel del sistema internacional en los últimos años. En efecto, el mérito de Trump fue conectar las dos capitales que desde principios de siglo vienen trabajando al unísono para forjar el «socialismo del siglo XXI», La Habana y Caracas; es decir, ya no es percibida como inocua la estrechísima relación entre castristas y chavistas.

Desde Washington ya se entiende algo que debiéramos captar todos en América del Sur: que la revolución cubana tiene por una de sus prioridades la de expandirse al resto del continente y cooperar con los gobiernos que compartan su ideología para replicar el modelo cubano. La implantación con éxito de una revolución a la cubana en Venezuela se debe en gran parte al masivo apoyo desde La Habana, con un régimen chavista que controla todo el quehacer nacional y, por sobre todo, a los militares. La introducción de los militares en el aparato burocrático y productivo del país es una de las características más evidentes del castrismo, bien replicado en Caracas, en donde el compromiso con el proyecto chavista por parte del mundo militar es significativo.

En este escenario de profunda imbricación de ambos regímenes autoritarios es que el bloqueo a la isla se hace muy necesario para debilitar las aspiraciones del castrismo, y es por lo mismo que Biden no relajará las medidas de su antecesor; como estamos viendo en la actualidad, pudieran inclusive endurecerse aún más, teniendo La Habana que recurrir a la ayuda humanitaria de sus aliados tradicionales, todos los cuales son adversarios de los Estados Unidos. Las últimas protestas en la isla, de una amplitud inédita en décadas, son un mensaje potente de los problemas que el régimen comunista tiene para sobrellevar su discurso oficial, el cual hace hincapié en la resistencia del pueblo ante el bloqueo y la propia capacidad tecnológica para elaborar múltiples vacunas capaces de hacerle frente a la pandemia.

Es en este contexto en que se debe tratar la asunción de Castillo en el Perú. El presidente peruano es el inicio de un proceso revolucionario en el país vecino, en donde el partido gobernante de ultraizquierda, Perú Libre, tiene por misión el quiebre con el orden imperante y la instauración de un nuevo sistema político, al estilo cubano, con la pronta instalación de una asamblea constituyente. Uno de sus principales líderes, Vladimir Cerrón, ha expresado claramente que el proceso de toma del poder total sólo se ha iniciado con el arribo de Castillo a la presidencia, y aún falta esquivar a un congreso fragmentado en donde Perú Libre carece de hegemonía.

Cerrón es un político de vasta trayectoria, exgobernador regional y líder partidario, pero por sobre todo es un médico formado en Cuba, en donde aprendió de política y cómo gobernar. Es un castrista convencido, y que se diferencia expresamente de los partidos de izquierda tradicionales del Perú. Y como buen castrista, sabe los pasos que se deben dar para dar inicio a la «revolución peruana». Este es el proceso que se acaba de iniciar en nuestro país vecino. Ahora bien, la pregunta que cabe hacerse es si el proyecto de Cerrón es o no viable en el Perú, o si el gobierno de Castillo podrá o no terminar su mandato. Pero una cosa sí es cierta; no es inocua la perduración de un régimen cubano que ha sabido no sólo subsistir en el tiempo, sino que extender sus áreas de influencia hasta llegar a instalarse en Lima, en su versión peruana.

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