Liderados por una importante tecnológica multinacional, varias empresas asociadas a AMCHAM fueron adelante con inserciones en prensa apoyando el matrimonio igualitario. La empresa tecnológica que fuera fundada por un señor que hoy tiene un patrimonio de mas de US$ 100 mil millones y que actualmente es controlada por varios fondos de inversión extranjeros, se permite intervenir en la nueva constitución de la República de Chile en temas valóricos. El objetivo de esta columna no es defender o criticar el matrimonio igualitario, sino más bien llamar la atención acerca de la prudencia y la legitimidad de que empresas multinacionales intervengan con opinión en materias ajenas a su giro. ¿Imaginan a empresas y a ejecutivos chilenos interviniendo en procesos constituyentes u opinando de la legitimidad de la Constitución de los Estados Unidos, de España, de Italia o de Francia?

Las empresas multinacionales están en Chile hoy y mañana podrían no estar. Fusiones, enajenaciones, reestructuraciones, nacionalizaciones, malos resultados, cambios de giro, son algunas de las razones que generan su entrada o salida de nuestro país. Sus ejecutivos a veces llegan a Chile dando cátedra acerca de lo que significa ser un país moderno; también acerca de lo que es correcto o no lo es. No nos engañemos, los ejecutivos trabajan para defender los criterios de su empleador, por un salario, por sus bonos y permanecen en las empresas hasta que les ofrecen una mejor alternativa laboral y hasta ahí llegó el “cariño” por su empleador y por el país en donde trabajan.

Muchas multinacionales pertenecen a gremios locales, lo que les permite tener instancias de opinión, en cuyo seno pueden aprender del país en donde invierten. Parece imprudente que multinacionales, apelando al globalismo -tan desprestigiado en estos tiempos-, lleven adelante intervenciones corporativas con supuestas genuinas intenciones de aportar a Chile. Es muy delicado cruzar el límite e intervenir en materias complejas que están conformadas por temas culturales y de idiosincrasia de cada país. Cada nación es distinta y se debe ser muy cuidadoso en adentrarse en materias en que los propios consumidores de los productos o servicios de una empresa tienen opiniones distintas.

Materias religiosas, étnicas, raciales, de contingencia política y en general aquellas propias de un país son terrenos que las multinacionales deberían respetar. En los últimos tiempos, con una ONU avasalladora, ONGs bien financiadas y millonarios que de pronto se transformaron en filántropos, pretenden fijar las “hojas de ruta” de los países. Nos quieren imponer lo que debemos comer, lo que debemos pensar y cómo se debe educar a nuestros hijos.

Prudencia, respeto y sinceridad es lo menos que se le puede pedir a quienes vienen a invertir a nuestro país.

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