A principios de los noventa, muchas personas calificadas y con alto costo de oportunidad buscaban ser parlamentarios u ocupar algún cargo en el gobierno. Probablemente los movía el tenso momento político que vivía el país y la relevancia de consolidar nuestra naciente democracia.

Chile creció y consolidó su democracia. Fruto de su éxito se instaló un cierto consenso sobre el modelo social y económico. Y así nos fuimos convenciendo de que cada día se jugaba menos en la política. Se fueron jubilando los buenos políticos (o corrompiendo algunos de ellos) y fueron reemplazados por nuevos políticos no demasiado calificados, salvo honrosas excepciones, y en su mayoría con bajos o nulos costos de oportunidad. Más aún, en muchos casos la política se transformó en la oportunidad para ellos (y sus familias y amigos) de ganar sueldos que jamás hubiesen conseguido fuera del Congreso o del Gobierno. En paralelo, seguían saliendo más y mejores profesionales de las universidades, pero que no veían en la política un espacio para desarrollarse y aportar al país. Algunos tomaban el legítimo camino de desarrollo en el sector privado, y otros veían la sociedad civil como el principal lugar para impulsar los cambios sociales.

La historia que viene después, ya la conocemos: hoy, con un gobierno débil y el peor Congreso de la historia republicana, enfrentamos un proceso constitucional altamente complejo. Dicho de otro modo, hoy se vuelve a jugar mucho en la política. Desde luego, en la Convención Constitucional necesitaremos personas competentes, pero sobre todo con convicciones y capacidad de dialogar y negociar. En síntesis, buenos políticos, de esos que tanto escasean en la actualidad.

Pero el desafío no se agota ahí. Es probable que el resultado de este proceso sea que muchas materias queden fuera de la Constitución. Es decir, que se abran a diario discusiones de política pública que hasta ahora estaban excluidas constitucionalmente. Por lo tanto, los gobiernos y parlamentos tendrán un mayor protagonismo. A partir de ahora, se jugará mucho más en cada elección. Por eso, si nos importa el destino de nuestro país, debemos reivindicar la política e involucrarnos activamente. No olvidemos que cuando no hay política, hay violencia. No hay más caminos.

Las recientes primarias así como diversas encuestas de opinión revelan que hay buena disposición para incorporar nuevos liderazgos. Es tarea de nosotros aprovechar esta oportunidad, y mostrar que la renovación de la política que no vino del Frente Amplio tal vez llegue del lado derecho del espectro.

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