Pedro Castillo ganó las elecciones presidenciales en Perú con un margen cercano a los 65.000 votos, y aunque Keiko Fujimori pidió la impugnación de cientos de actas, correspondientes a unos doscientos mil votos, estimo que al término de dos semanas Castillo será ratificado como el nuevo Presidente de Perú.

Hace un poco más de 50 años, recuerdo que Salvador Allende fue elegido Presidente en Chile y, aunque yo era un niño, ni siquiera un pre adolescente, recuerdo nítidamente la cara de mi padre ante una pregunta que le hicimos días antes con mi hermano, mientras comíamos pizzas en el Marco Polo, en la Plaza de Armas de Santiago: «Papá, ¿cuándo habrá TV a colores en Chile?» Él, casi con voz sombría, nos dijo: «Si sale Allende, pasarán largos años». Se quedó corto ante el desastre social, político y económico que vino y que terminó con el golpe militar de 1973.

Este déja vu que me ha producido el triunfo de Castillo se ha acentuado con el conocimiento de las medidas que pretende imponer en su país para favorecer a los más pobres, y que además se parecen -por no decir que son iguales- a las propuestas de nuestro FA, PC y ahora la Lista del Pueblo, que representa una proporción minoritaria del total de la convención constitucional (no constituyente), el número de 34. La declaración que firmaron llamando a no respetar las reglas y acuerdos en torno a la convención lo grafica todo. Aún sumando electos del PC y FA, no llegan a un tercio de la convención, y además han sido reprendidos por muchos representantes de la centro izquierda democrática de nuestro país.

Recuerdo dos  políticas anunciadas por Castillo: barreras a la inversión extranjera, incluyendo las amenazas recibidas por las empresas chilenas, y la entrega de variados beneficios sociales, sin indicar, naturalmente, cómo serán financiados. No se necesita ser un experto en economía para comprender los efectos desastrosos de aquellas anacrónicas políticas. El odio al capital extranjero es un clásico de hace 60 años, promovido por el pensamiento marxista y el populismo basado en que el Estado puede financiar al infinito las necesidades sociales. Allende, en una época que el Banco Central no era independiente, financió el gasto público con emisión monetaria, y la hiperinflación que produjo quedó en los anales de la historia de la inflación en el mundo.

Si en nombre del pueblo se pueden cometer esas atrocidades económicas, es justo que, a diferencia de entonces, ahora se pueda reaccionar. En el mundo actual hay información completa, Internet nos ha provisto de un sistema de información internacional donde las dictaduras no pueden ocultar los abusos, donde la información económica fluye a raudales, y donde los capitales buscan las mejores oportunidades, fluyen libremente entre las naciones que así lo requieren. También los trabajadores buscan las mejores oportunidades huyendo de dictadores, del hambre y otros males, buscando libertad, y bienestar para sus familias.

Si Perú cierra sus fronteras al capital extranjero, los inversionistas tendrán a Chile, entre otros, previendo que los royalties y/o impuestos mineros son finalmente descartados, y que en general nuestro país recibirá con los brazos abiertos las intenciones de recibir el ahorro externo, en la forma de capital, para la creación de más empleos y  mejores niveles de vida para todas las familias chilenas.

Siento pena por Perú, porque lo propuesto por el Presidente electo solo traerá más miseria para aquellos que con esperanza creen en sus promesas. Nosotros recibiremos el dividendo Perú, si nuestra clase política lo permite.

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