La crisis social, política y económica que ha enfrentado nuestro país desde el último trimestre del año 2019 es la más larga que me ha tocado estudiar y conocer en toda mi vida profesional. Los efectos sobre la población han sido extremadamente duros, no solo para aquellos que sufrieron el rigor de la pandemia, sino que también para los que perdieron sus empleos y fuente  de sustento. La expansión fiscal y respuesta para proteger a la población han sido de las más altas entre todos los países que enfrentaron esta tragedia, y además han comprometido, debido a los retiros desde las cuentas de ahorro previsional privado, unos 50.000 millones de dólares. De concretarse el cuarto retiro, cerca de la mitad de los ciudadanos que tienen dichas cuentas -unas 5 millones de personas- quedarán sin saldo disponible, o sea, no tendrán ahorro disponible para financiar sus jubilaciones.

Esta pésima política pública se ha sustentado en el apoyo transversal del Parlamento frente al concurso electoral que se acerca en noviembre; una plataforma política para competir. También ha sido utilizado por miembros de la extrema izquierda simplemente para dañar el mercado de capitales, piedra angular del desarrollo de la economía chilena en los últimos 30 años, al financiar la expansión de la inversión, la infraestructura y la compra de instrumentos financieros para fines productivos y para los sueños de la clase media chilena, la vivienda propia.

Así, el cuarto retiro se convierte en una profundización de la merma del ahorro privado, crucial para el desarrollo de la economía y el bienestar y progreso de todos los chilenos, que tendrá consecuencias de mediano y largo plazo para el mercado de capitales.

Solo un botón de muestra: las AFP son las únicas que invierten a 20 y 30 años, lo que ha permitido a los bancos  y otras entidades financiar con spread de 1% a los clientes. Para la historia del mercado de capitales dichos márgenes son los más bajos observados en las series para un largo periodo de tiempo en el mercado financiero chileno. Esto ha significado que millones de personas tengan acceso a comprar su casa.

Para que podamos dimensionar, ya las tasas de largo plazo han subido en las últimas semanas cerca de 1% y podrían seguir subiendo fuertemente si continúan los retiros desde las AFP. Muchos confunden que esa plata entra al sistema en la forma de consumo, pero  en el largo plazo, digamos 30 años, no estará disponible para el financiamiento del sueño de la casa propia.

Un 1% de mayor tasa anual equivale, en un crédito de 30 años, que éste sube en 15%. Esto hace que el dividendo del endeudamiento contraído para ese fin suba fuertemente. Si la tasa de interés sube un 2%, que es lo más probable, el valor implícito de mayor valor a pagar sería de un 30%, más alto, o sea, el dividendo sube en ese monto. Alguien que con mucho esfuerzo había encontrado un financiamiento para pagar un millón de pesos al mes, en el futuro pagará 1.300.000 pesos. Los políticos, por supuesto, mutis por el foro, sin precisar el enorme daño que se le está haciendo a la clase media. Podemos achicar los números, pero un 30% de incremento tendrá un impacto significativo y la clase media verá cómo se esfuma su sueño.

Varios en la izquierda han dicho que no les importa que los chilenos sean más pobres si todos son igualmente más pobres. El problema es que no solo se trata de un desafortunado pensamiento, sino que ello no se aplica a los jerarcas que detentan el poder comunista en Cuba, Venezuela, Nicaragua, entre otros, donde las familias y amigos de aquellos se les ve recorrer las tiendas más exclusivas de la quinta avenida en New York.

Deja un comentario

Cancelar la respuesta