Lo anterior no es solo una expresión de deseo. La realidad nos entrega razones por las que Sebastián Sichel triunfará en la presidencial de noviembre. Primero, por la fragmentación de la oposición versus la unidad de la centroderecha tras Sichel; segundo, la incapacidad de la izquierda para conquistar el centro político versus la afinidad natural de Sichel con ese mundo.

Sobre el primer punto, todo indica que la oposición competirá fragmentada en varias candidaturas. Como mínimo: Boric, Provoste y la opción de la Lista del Pueblo. A ellos, probablemente, se sumarán ME-O o Guillier por el PRO. Esa balcanización tendrá como resultado que sus aspirantes terminen apuntando a nichos identitarios reducidos en la primera vuelta. Por tanto, se distanciarán de la construcción de un proyecto nacional, moderado y de consenso que demandan hoy los chilenos.

Asimismo, la unidad de la izquierda para la segunda vuelta resulta una tarea prácticamente imposible. Se repetirá el efecto ocurrido en 2009 entre Frei y MEO, donde los votos no se traspasaron de una opción a otra. Si pasa Boric, lo que queda de la ex Concertación tendrá problemas para plegarse a una alternativa que no solo ha enarbolado -como principal bandera política- el terminar con el legado de sus gobiernos, sino que también de impulsar una agenda ligada a ideas obsoletas del comunismo. Por otro lado, si pasa Provoste, la izquierda radical no votará por una representante histórica de la DC, su enemigo acérrimo.

En un escenario completamente distinto, la centroderecha irá unida detrás de Sichel, ganador indiscutido de la primaria del sector. Por su parte, la derecha más dura de JAK no tiene posibilidades de derrotar a la oposición. Los votantes del sector lo saben y por eso apoyarán unitariamente a Sichel.

Sobre lo segundo, a la izquierda le resultará muy difícil convocar al voto de centro (el fiel de la balanza en la elección). El hecho de que la opción “más centrista” de la oposición sea la presidenta del Senado es indicativo de la radicalización de todo ese sector. Provoste está muy a la izquierda de la DC. Por tanto, en la batalla por el centro, Sichel tiene la pista despejada, gracias al claro mandato de las primarias para proponer un discurso que convoque al centro político. Igual de importante en el Chile de hoy es el hecho de que la centroderecha entendió que debe respetar uno de los principales activos del candidato: su independencia. Es quizás la primera vez en mucho tiempo que las dirigencias del sector logran conectar con la ciudadanía: los chilenos creen que esta es la hora de los independientes.

¿Se puede derrotar a la izquierda? Sí, claro que se puede. Sichel lo logrará porque: 1) tiene una coalición unida que lo respalda; 2) cuenta con el apoyo del mundo independiente; 3) representa la renovación de la política; y 4) es un candidato genuinamente centrista. Todos atributos de los que adolecen Boric, Provoste (Narváez), la Lista del Pueblo y ME-O (Guillier). Con unidad tras Sichel seguiremos convocando al mundo independiente y al centro. ¿Se puede? ¡Claro que se puede!

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