Este jueves 13 de enero se realizó el tradicional encuentro de la Enade, uno de los eventos empresariales más importantes que existen en Chile. Además, como sabemos, desde hace muchos años se trata de una reunión de enorme gravitación política. También lo fue en esta oportunidad.

Organizada por Icare, que preside Lorenzo Gazmuri, contó con la presencia de autoridades políticas y de la actividad productiva, con resultados que parecen haber satisfecho a los asistentes. El presidente de la CPC, Juan Sutil, aprovechó la oportunidad para manifestar las posibilidades de futuro que se le abren al presidente electo Gabriel Boric: “Hoy usted tiene en sus manos liderar la restitución de la amistad cívica en nuestro país, el fin de los extremos y las divisiones odiosas, y el restablecimiento de la unidad en la sociedad chilena, donde la primacía del bien común permita dejar atrás todo resquicio de individualismo identitario”. Asimismo, formuló otras reflexiones que propiciaban el fortalecimiento de la democracia y las instituciones en Chile.

El actor más esperado del encuentro fue precisamente Gabriel Boric, quien sorprendió a los asistentes desde un comienzo, cuando decidió recitar un poema de Enrique Lihn, que el reconocido poeta había titulado “Cementerio de Punta Arenas”, para mostrar las diferencias existentes incluso después de la muerte. A continuación se dirigió al tema de fondo de lo que será su gobierno y del estilo que piensa imponer, destacando tres aspectos fundamentales: fortalecer la red de protección social, sacar a la economía chilena del estancamiento productivo (que se extendería ya por diez años) y enfrentar la crisis climática. Posteriormente precisó algunos aspectos como la necesidad de realizar cambios graduales, con responsabilidad fiscal y crecimiento sostenible, sobre la base de un diálogo amplio. Como era de esperar, en la ocasión también apeló a la necesidad de un nuevo pacto fiscal, para asegurar nuevos ingresos permanentes.

Las reacciones a la participación del Presidente electo en la Enade fueron ampliamente favorables, tanto por el contenido como por el tono de su discurso. Boric quiso y logró posicionarse como un político de nivel, dialogante y “presidente de todos los chilenos”. Parece tener la convicción de que está en un momento decisivo para proyectar una imagen diferente a la del joven revolucionario, dirigente de grupos extremos, y proyectar otra, propia de las altas responsabilidades que comenzará a ejercer a partir de marzo.

Boric se refirió, entre irónico y cansado, a esa discusión reiterada sobre el Boric de la primera vuelta y la diferencia que tiene con el de la segunda vuelta. Obviamente, señaló que no había distinción entre uno y otro, que él seguía siendo el mismo. No estoy de acuerdo. Sin embargo, me parece que es otra la distinción que resulta fundamental y en la cual sí se puede apreciar claramente una evolución en Gabriel Boric: no es lo mismo el presidente de la FECH, el joven y rebelde diputado de las acusaciones constitucionales y de los retiros de fondos previsionales, que el Presidente electo, el más joven de la historia de Chile, quien ya muestra una madurez mayor, tiene un vocabulario político distinto y comprende las responsabilidades de Estado.

Se pueden decir muchas cosas, pero Boric no es ni será el mismo. Esto no es bueno ni malo per se, es una condición propia de sus nuevas responsabilidades políticas. Muchos amigos que ayer le decían Gabriel o quizá un cariñoso apelativo, le llamarán en público “el Presidente” Boric. El propio gobernante matizará sus comentarios en público y en privado, tomará decisiones distintas a las que hubiera adoptado de no haber sido Presidente, sabrá que su gobierno es propio, pero también de sus partidos, de los millones que votaron por él y de todos los chilenos.

No, nada volverá a ser lo mismo para Gabriel Boric, y si todavía no lo sabe, al menos lo intuye, por la forma de comportarse, de hablar y de pensar su gobierno. “He ido aprendiendo en mi trayectoria, que todo cambio, toda transformación, se sostiene sobre la base de lo que se hizo antes, y ningún cambio grande, estructural, se logra de la noche a la mañana”, señaló en el encuentro de la Enade.

En una de las reflexiones más interesantes, Boric llamó a “ponderar las expectativas” (usó el término en vez de moderar). El sentido es el mismo: no esperar tanto del gobierno ni del Estado, tener la certeza que los problemas por los cuales los chilenos no podían esperar más, no podrán ser resueltos en los breves cuatro años de gobierno de Apruebo Dignidad. ¿Es el mismo o no es el mismo? Obviamente Boric es el mismo, pero con responsabilidades diferentes: el diputado, incluso el candidato, ha dado paso al Presidente electo y desde el 11 de marzo será el Presidente de la República. Es una responsabilidad demasiado grande para tomarla livianamente o para dejarse llevar por las presiones de grupos más o menos relevantes.

A todo esto se suma un aspecto más, que es solamente una expresión fáctica, que deben considerar todos los interesados en la política y quienes analizan las proyecciones del próximo gobierno. La administración Boric será la que tendrá peor representación parlamentaria desde el regreso a la democracia y, con seguridad, una de las participaciones más bajas en el Senado y en la Cámara de Diputados, comparando con cualquier gobierno en la historia de Chile.

Es verdad que esto se puede matizar, y se pueden sumar los parlamentarios del Partido Socialista al bloque PC-Frente Amplio. Quizá también tendrá el apoyo desinteresado de otros senadores o diputados, mientras algunos verán qué votar según el proyecto que se discuta. Además, habrá otros en la centroizquierda –según ya han advertido– tomarán palco y verán desde lejos las dificultades de Boric en La Moneda. Pero la lección es muy clara: la correlación de fuerzas no es favorable al Presidente Boric, quien deberá llegar a acuerdos o ser muy creativo si quiere llevar adelante las reformas.

Para ello hay cosas que sin duda lo favorecen. El acuerdo tributario probablemente avanzará, considerando la vocación parlamentaria por aumentar el tamaño del Estado mediante nuevos impuestos, en lo que Boric solo continuaría las políticas iniciadas por los gobiernos de Piñera y Bachelet. Otras cosas serán más difíciles, pero ahí puede contar con el apoyo mayoritario de la Convención Constituyente, como “tercera cámara”.

Por último, es evidente que no será fácil ser Presidente, sencillamente porque cada vez es más difícil gobernar, la opinión pública es más inmediatista y las críticas son más destempladas. A esto se sumarán las dificultades internas en el pacto de gobierno y la calidad y estilo de la oposición.

Para superar los problemas se requiere talento y sentido político, realismo y convicciones, capacidad de convencer a partidarios y detractores. Algo de todo eso mostró Gabriel Boric en el encuentro de la Enade. Podría ser una buena preparación para el próximo 11 de marzo, cuando comienza a jugarse el partido definitivo.

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