El llamado a un paro general promovido por organizaciones sindicales y partidos como el PC y el FA derivó en una jornada de violencia desatada en el país sólo comparable al primer estallido antisocial del viernes 18 de octubre. El Presidente Sebastián evaluó decretar un nuevo estado de excepción constitucional y convocar a las FFAA para hacerse cargo del orden público. Los militares, de hecho, se acuartelaron a la espera de ese llamado. Pero el Mandatario finalmente tomó la decisión de no sacar a los uniformados a la calle. La explicación desde La Moneda es que se envió una señal a la oposición, se le hizo un gesto implícito: renunciar al uso de la fuerza para dar una última oportunidad de llegar a un acuerdo transversal para salir de la crisis.
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