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Publicado el 01 de diciembre, 2018

Yasmín Zaror: Donde comienza la reconciliación

Analista de contenidos, Fundación Para el Progreso Yasmin Zaror
La violencia que viven día a día los habitantes de La Araucanía debe instarnos a conocer cómo otros países que experimentaron realidades parecidas a la nuestra lograron avanzar hacia la búsqueda de acuerdos y paz.
Yasmin Zaror Analista de contenidos, Fundación Para el Progreso
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Días atrás estuvieron en Chile los All Blacks, el afamado equipo de rugby neozelandés cuyo “Haka”, realizado antes de cada partido, está inspirado en las tradicionales danzas de guerra maorí. El ritual, previo a jugar un deporte de origen inglés, muestra el enorme sincretismo entre culturas que hay en Nueva Zelanda. Una conciliación que, no obstante, no siempre existió entre indígenas y colonizadores, los cuales se vieron enfrentados durante décadas por asuntos territoriales originados a partir del Tratado de Waitangui de 1840.

 

Algo similar ocurría en Australia, donde el Terra Nullius -tierra de nadie- fue la doctrina que caracterizó la colonización inglesa en dicho territorio. Dicha noción causó, hasta hace no muchos años atrás, múltiples situaciones de violencia entre los primeros habitantes y el Estado australiano. El fin de las hostilidades tiene un precedente en 1992, con el reconocido Caso Mabo, cuando una resolución judicial rechazó el principio de terra nullius, al reconocer a los indígenas de la isla Murray su derecho a goce sobre dicho lugar. Esto inició el largo camino hacia una mayor conciliación entre ambas partes.

 

La reciente muerte de Camilo Catrillanca ha vuelto a poner en el tapete la tensa y violenta realidad que se vive en La Araucanía y alrededores. El carácter de los atentados de tipo reivindicativo se agudiza teniendo enormes consecuencias a nivel social, económico y político que no permiten dilucidar una solución en el largo plazo. Muchos piensan que no hay vías para una solución, ya sea porque pretenden respuestas inmediatas o porque consideran cualquier propuesta demasiado costosa. Considerando la experiencia histórica, ¿cómo lograron superar las diferencias países como Nueva Zelanda y Australia?

 

No se puede llevar a cabo ninguna medida sin primero realizar una cuantificación real del problema. Es fundamental poder dimensionar la situación a modo de establecer una estrategia viable a largo plazo.

 

Existen tres puntos comunes o similares que podemos identificar en la experiencia australiana y neozelandesa, que parecen sustentar procesos exitosos de término de conflicto entre comunidades y los Estados al institucionalizar las discrepancias. En primer lugar, el carácter técnico -y no únicamente político- de las instituciones involucradas permitió tomar decisiones informadas e imparciales, además de establecer soluciones eficientes que, al ser consensuadas, se sostienen en el tiempo. En segundo lugar, el fomento del diálogo y la negociación con las comunidades a través de una serie de políticas e instituciones que lograron el entendimiento y las relaciones horizontales. En este sentido, podemos mencionar la creación de la Unidad Política del Tratado de Waitangui, organismo neozelandés que se encarga de asesorar a las partes involucradas en las negociaciones; y en el caso australiano, el Tribunal de Títulos Nativos y el organismo “Reconciliación de Australia” que lleva a cabo su estrategia en cinco dimensiones: relaciones raciales, igualdad y equidad, unidad integridad institucional y aceptación histórica. Este tipo de acciones toma tiempo; es difícil recuperar la confianza y el respeto, que es algo que nunca se deja de trabajar y reforzar.

 

Finalmente, se abrió paso para compensaciones alternativas a la entrega de territorio, esto ya que no todas las demandas responden a esta necesidad y no siempre es posible satisfacerlas. La entrega de indemnizaciones monetarias, de bienes o el reconocimiento de ciertos derechos y tradiciones sobre lugares específicos se ha posicionado como una buena manera de avanzar hacia la conciliación entre pueblos indígenas y Estados. Por otro lado, también se impulsa el desarrollo productivo de las comunidades, ya que muchas veces se encuentran entre la población más vulnerable. En este sentido, ha sido fundamental la entrega de herramientas y conocimientos para el emprendimiento en diferentes áreas, como el turismo o la producción agrícola.

 

Sin embargo, ninguna de estas medidas puede llevarse a cabo sin primero realizar una cuantificación real del problema. Es fundamental poder dimensionar la situación a modo de establecer una estrategia viable a largo plazo.

 

La violencia que viven día a día los habitantes de la Araucanía debe instarnos a conocer cómo otros países que experimentaron realidades parecidas a la nuestra lograron avanzar hacia la búsqueda de acuerdos y paz. La importancia que las autoridades australianas, canadienses y neozelandesas le otorgaron al diálogo y a la reconstrucción de la confianza en conjunto con el establecimiento de instituciones técnicas e imparciales parece ser el primer paso para una reconciliación que hasta hoy vemos imposible.

 

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO

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