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Publicado el 02 de marzo, 2015

Volteretas de verano

La incoherencia y el doble discurso, en la política actual, quedan de manifiesto frente a la opinión pública. Los políticos en el escenario y la ciudadanía en la galería, mirando cada vez con mayor distancia y abstención.
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La desaprobación del gobierno ha llegado a tal grado que para el Presidente del Partido Socialista “Chile no merece un Presidente con este nivel de desaprobación”.

Algunos se preguntan si perdió su carisma y empatía la Presidenta. Con las reformas tributaria y educacional comenzó a bajar su aprobación y varios alegaron problemas comunicacionales. La verdad es que no existen los “problemas comunicacionales”, siempre se trata, en el fondo, de problemas de gestión, de administración o, como en este caso, políticos.

Siempre se ha dicho que en política una semana es mucho tiempo y que las cosas pueden cambiar más rápido de lo que algunos quisieran. La política requiere sentido de la oportunidad, estrategia y conexión con el entorno. Las redes sociales han contribuido a acelerar muchos de estos procesos, a darles mayor transparencia y hacerlos más complejos.

La esperanza es que, si los electores asumen su responsabilidad al momento de votar, todo lo anterior debería contribuir a mejorar nuestra clase política y con ello su actividad sujeta a un verdadero control de la ciudadanía.

Hoy vemos que las incoherencias; discrepancias; volteretas; y, la charlatanería, quedan pública y notoriamente de manifiesto.

Cuando la Concertación perdió la anterior elección presidencial, gracias a la guía de antiguos y experimentados dirigentes, tuvo una capacidad de reinventarse admirable, concentrándose en un único objetivo: recuperar el poder. Cambió de nombre, con extraordinaria facilidad, y con sólo sumar al Partido Comunista (que en la práctica ya estaba adentro con los cupos parlamentarios que se le habían cedido con anterioridad); hizo una oposición intransigente al gobierno de Piñera, criticando todo (nada era bueno); el foco estuvo en denunciar “conflictos de interés”; y compró la totalidad de las demandas de la “calle” sin ninguna crítica ni análisis, sumándose a la emocionalidad sin ninguna racionalidad. No le tuvo miedo a caminar entre el populismo y la irresponsabilidad política.

Finalmente, se alineó detrás de quien lideraba las encuestas gracias a que la habían idealizado, durante cuatro años, transformándola en un mito y, como tal, un personaje siempre en el presente, sin pasado, sin historia, sin recuerdos. Y así, por ejemplo, no existió el Transantiago, ni el bajo crecimiento económico, ni menos aún el 27F. Bastaba con alabar su carisma y empatía.

Pero el país cambió, y no sólo los jóvenes que salieron a la calle. Y ahora, al parecer el camino exitoso de la Concertación-NM, para ganar las elecciones, no es suficiente para sustentar la gestión de un gobierno.

Aparecen las contradicciones entre el idealismo y la realidad. Entre la superioridad moral para criticar y las tentaciones y caídas propias. El lucro es perverso, salvo cuando se trata del enriquecimiento propio. Los conflictos de interés; la información privilegiada y el tráfico de influencias son nocivos para la democracia, pero con matices dependiendo de quién se beneficie. Ahí, mejor ni enterarse.

Cuando nos descubren, tenemos una “crisis severa”; todo se desmorona y hay que buscar el empate, acuerdos y crear un “marco regulatorio como Chile no ha conocido hasta la fecha”. Como oposición niego la sal y el agua, ahora “la reconstrucción no puede ser bandera de lucha política”.

La incoherencia y el doble discurso, en la política actual, quedan de manifiesto frente a la opinión pública. Los políticos en el escenario y la ciudadanía en la galería, mirando cada vez con mayor distancia y abstención. Con una oposición acorralada en sus propios problemas; sin relato y siempre dividida, la mayor responsabilidad recae en quienes ejercen el poder ejecutivo y tienen la mayoría en el legislativo.

Volteretas de verano… que terminan minando la credibilidad y, en definitiva, el país perdiendo.

 

Patricio Dussaillant, Doctor en Comunicación Pública y Profesor Pontificia Universidad Católica de Chile.

 

 

FOTO: RODRIGO SÁENZ/AGENCIAUNO.

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