Los artículos no dejan ver la Constitución

En política, cuando se cierra un conflicto, se abre otro. El escenario cambia y eso le permite a cada actor concursar para hacerlo mejor. Con motivo del trabajo de la Convención, cada cual está tomando posición, lo que va a cambiar las alianzas de derecha e izquierda. 

La Convención llegó a su etapa decisiva camino de fijar su propuesta de nueva Constitución. Dos aspectos son medulares: el reconocimiento de derechos y la distribución del poder.

El reconocimiento de derechos está siendo redactado “a la última moda” y en clave progresista. A la Convención llegó una importante cantidad de activistas de causas sociales y culturales. Cada cual busca que sus temas sean tomados en cuenta. De allí la aparición de tanto término desconocido para el ciudadano común.

Pero “la última moda” será reemplazada por otras en poco tiempo. Así, un texto nuevo tendrá un envejecimiento rápido y las modificaciones se sucederán en el futuro. Los ojos están puestos en el derecho de propiedad, recursos naturales, reconocimiento de la diversidad y derechos sexuales y reproductivos. 

Los párrafos son largos, repetitivos, pueden emocionar a algunos y molestar a otros, pero el quórum de 2/3 está morigerando las redacciones que son aprobadas. No será aquí donde esté el foco del debate.

Algo distinto ocurre con la distribución de poder que se consagre en el texto. Quienes previamente tienen definido apoyar o rechazar lo que salga de la constituyente polarizan ahora sus posiciones. Lo que terminará por cambiar el escenario político, extrañamente, no serán los desacuerdos, sino un entendimiento recién producido.

Ya no te reconozco

La Convención habría tenido un percance mayor si la estratégica Comisión de Sistema Político hubiera llegado a la hora límite con un texto consensuado por mayoría. El acuerdo integró a actores desde la izquierda a la derecha. No a toda la izquierda ni a toda la derecha y ahí está la clave.

Bajo muchos nombres de colectivos diversos, quienes llegaron al acuerdo incluyen al PC, PS, RN y Evópoli más muchos otros. Se trata de un consenso inicial, aunque ampliable y cada cual se reserva el derecho a presentar mociones propias.

Se identifica una coincidencia medular: se opta por un presidencialismo morigerado, la existencia de dos cámaras, se favorece la formación de gobiernos con apoyo mayoritario y respaldo del Parlamento, el voto obligatorio está de regreso.

Antes estos aspectos fueron motivo de fuertes conflictos; ahora que han sido despejados, se generan otros en zonas donde todavía los acuerdos no existen. Un nuevo foco se encendió con motivo de las atribuciones del Senado y los senadores han manifestado con mucha fuerza su insatisfacción. Muchos constitucionalistas también creen que una segunda cámara muy débil no asegura gobernabilidad.

Le tengo mucho aprecia al enemigo de mi enemigo

Lo que no hay que perder de vista es que todos ya aceptaron el presidencialismo moderado y lo que se debe es la coherencia de las decisiones adoptadas. Queda claro que la discusión no se ha estancado ni gira en círculos y avanza hacia nuevos temas de interés.

Probablemente estos temas sean los definitorios en el plebiscito de salida en septiembre; para entonces ya no encontraremos las mismas agrupaciones políticas.

La izquierda se está dividiendo entre quienes buscan constituir mayoría hacia el centro y quienes buscan mayor perfil hacia la misma izquierda. Por lo mismo se van a dividir porque se enrumban hacia lugares diferentes.

La derecha que posibilitó ahora los acuerdos busca permear el centro y redefinir las actuales alianzas, viendo una oportunidad en representar los sectores moderados. Republicanos y gremialistas saben que la derecha es un sector amplio aún por conquistar por lo que acentuarán sus posiciones buscando un perfil más definido. No se van a dividir, simplemente no van a actuar de acuerdo y competirán entre sí por el liderazgo. Lo único seguro es que nadie quedará donde mismo luego de terminada la definición constitucional.

*Víctor Maldonado es analista político.

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