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Publicado el 30 de diciembre, 2015

Viaje relámpago, tropiezo gratuito

Doctor en Comunicación Pública, Facultad de Comunicaciones UDD Alberto López-Hermida
Ni un selecto desayuno, ni el anuncio de una mesa de diálogo –la especialidad de la Casa–, ni la inauguración de un centro médico, ni la visita a un par de comunidades han acallado las críticas transversales al modo de proceder de la Presidenta.
Alberto López-Hermida Doctor en Comunicación Pública, Facultad de Comunicaciones UDD
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Al equipo comunicacional y estratégico de La Moneda parece no importarle que resten menos de 48 horas para que acabe, en palabras su propia jefa, el peor año del gobierno. El “segundo piso” ha demostrado que necesita menos que eso para volver a hundir a la Presidenta en un pantano de ineptitud frente a la opinión pública.

Tras dos años de gobierno, Bachelet viajó intempestivamente este martes a La Araucanía, visita que, fuera de todo protocolo, fue anunciada a los periodistas santiaguinos a primera hora de la mañana del mismo día –y el destino exacto sólo fue confirmado por la misma Mandataria ya en vuelo–, mientras que a los parlamentarios de la zona, tanto oficialistas como opositores, sólo se les envió un mail cerca del mediodía. Una lógica comunicacional bastante asimilable a la empleada por el presidente de Estados Unidos cuando viaja a Irak, Afganistán o cualquier zona en la que su integridad física se vea fuertemente amenazada.

Una nueva torpeza que no sólo se refleja en las varias horas en las que #AQueLeTemeBachelet fue el tema más tratado en Twitter, sino especialmente en la indignación de periodistas –esos que son los que para la Presidenta alteran la realidad en su contra–, parlamentarios y actores sociales de la zona.

Ni un selecto desayuno, ni el anuncio de una mesa de diálogo –la especialidad de la Casa–, ni la inauguración de un centro médico, ni la visita a un par de comunidades han acallado las críticas transversales al modo de proceder de la Presidenta.

“¿Es que no hay forma de dejarlos contentos?” se preguntarán en el Ejecutivo. Claro que la hay, pero cuando se cuelga de los índices más bajos de popularidad con el peso sofocante de la desconfianza, es cuando menos se necesita ver que quien gobierna toma acciones impulsivas bajo un manto de secretismo.

Desde hace casi un año que se ha dicho con claridad casi didáctica por televisión, radio, prensa escrita, televisión y, según se dice, hasta cara a cara que es la hora de diseñar una estrategia comunicacional para una Michelle Bachelet que no es la candidata de 2013 y mucho menos la Presidenta de 2009.

Una Mandataria que necesita –por el bien de la democracia chilena, si se quiere– acabar su gobierno con no menos de un 40% de aprobación (por cierto, menos de la mitad de la cifra con la que acabó su primer mandato), requiere a gritos una estrategia para recuperar la confianza, atributo que no se gana con los eventos –viajes, bonos, mesas de diálogo– que tiempo atrás le significaban el aplauso cerrado de la ciudadanía. La confianza se reconquista con una estrategia de mediano y largo aliento.

El viaje a La Araucanía se le viene pidiendo a la Presidenta desde hace tiempo, especialmente en febrero pasado cuando veraneó en la mismísima zona. Habiendo ignorado la invitación durante todos estos meses –marcha de camioneros a Santiago incluida–, ¿no habría sido estratégicamente más conveniente visitar la zona durante más días y durante el próximo mes de febrero?

Apaciguar esta aparente calentura por dos meses habría permitido, por un lado, un viaje más extenso, más detenido, más transparente y no una gira relámpago que no hizo más que calentar los ánimos de una zona que precisamente necesita inyecciones de serenidad. Por otro lado, de haberse hecho en febrero de 2016 hubiese convenido políticamente, en cuanto habría competido beneficiosamente en los medios de comunicación con el primer aniversario del estallido del peor caso de corrupción que ha salpicado a un presidente chileno en ejercicio tras recuperar la democracia.

Lo único que se confirma es que los asesores del Palacio de La Moneda siguen trabajando para quien gobernó una década atrás, sin darse cuenta del paso del tiempo, el desgaste de la marca y la incomodidad no pasiva del entorno.

 

Alberto López-Hermida, Doctor en Comunicación Pública, académico UANDES.

 

 

FOTO:RAFAEL RIQUELME/AGENCIAUNO

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