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Publicado el 03 de julio, 2020

Verónica Munita: Ejemplos del barrio

Periodista, analista internacional Verónica Munita

El nuevo presidente uruguayo Luis Lacalle Pou alcanza índices de popularidad sobre 90%. Algo similar a lo que ha mantenido Martín Vizcarra en Perú (80%), a pesar de que los resultados de sus duras medidas de cuarentena han dado pésimos resultados. Lo que demuestra que no necesariamente la popularidad es sinónimo de éxito.

Verónica Munita Periodista, analista internacional
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Las comparaciones suelen ser odiosas. Pero a veces sirven mucho, sobre todo cuando vemos que nos perdemos cada vez más en medio de la falta de entendimiento, el desconocimiento de la institucionalidad, los problemas sociales y económicos en medio de un virus que nos nubla cada vez más.

Uruguay es sin duda el país más exitoso de Latinoamérica en su estrategia frente al Coronavirus. Sólo tiene 936 casos y 27 muertos. Muchos dirán que tras ello está el privilegio de ser un país con una baja densidad poblacional, con sólo 3,6 millones de habitantes. Sin duda, un factor determinante, pero lejos de ser el único motivo para que hoy tenga tan buenas cifras en medio de esta pandemia.

El nuevo gobierno uruguayo de Luis Lacalle Pou no había siquiera alcanzado a conocer bien los despachos de la administración que tendría a su cargo por los próximos cinco años, cuando se inició la crisis. Venían a cambiar la historia política en este país que ya llevaba 15 años de gobierno de centro izquierda a cargo del Frente Amplio, con presidentes tan carismáticos como Pepe Mujica. Lacalle Pou había ganado en segunda vuelta, con sólo un 48,7% de los votos. Es decir, enfrentaba el gobierno con un país dividido. Sin embargo, desde el inicio de la crisis la oposición ha estado a la altura de las circunstancias, entendiendo que no es momento de obstruir iniciativas que vayan a favor de solucionar los problemas, pensando en pequeñas ganancias políticas.

A tal punto, que si bien desde que se inició la crisis no estuvieron a favor de la estrategia de libertad decretada por el gobierno, decidieron sumarse a ella para no entorpecer su resultado. En efecto, Lacalle Pou se negó desde un inicio a decretar cuarentenas obligatorias. Por el contrario, se jugó hasta el final por respetar la libertad de los ciudadanos y apelar a su responsabilidad. Y no se equivocó, ya que logró que éstos se mantuvieran voluntariamente confinados en casi un 90%.

Pero esto no fue gratis para el gobierno. El llamado estuvo acompañado de medidas “ejemplificadoras” para la población y que de alguna manera los motivó y los ayudó a cumplir. La primera y más importante fue la creación del Fondo Coronavirus, parte de cuyos recursos estuvieron en la baja de remuneraciones de todos los funcionarios públicos (desde el presidente para abajo), con sueldos superiores a US$1.800 por mes. Una señal que fue clave para la opinión pública uruguaya.

Junto con eso, ayudó el que sólo el 25% de la población sea laboralmente informal. Una realidad muy distinta al promedio latinoamericano, que se empina por sobre un 47%, un tema que ha sido clave a la hora de obstaculizar la decisión de muchas personas a quedarse en casa durante esta pandemia, ya que su precaria situación las ha obligado en muchos casos a ir a buscar el sustento diario a la calle. En Uruguay, por el contrario, esta baja tasa se sumó a muy buenas políticas de protección del empleo que se extienden por seis meses y que incluyeron a sectores antes no considerados.

Con todas estas medidas, hoy el nuevo Presidente alcanza índices de popularidad sobre 90%. Algo similar a lo que ha mantenido Martín Vizcarra en Perú (80%), a pesar de que los resultados de sus duras medidas de cuarentena han dado pésimos resultados. Lo que demuestra que no necesariamente la popularidad es sinónimo de éxito. En el caso de Perú, Vizcarra es visto como un nuevo representante de la política, alejado de las prácticas de corrupción a las que tristemente se acostumbraron a ver los peruanos tantos años y que terminaron con sus últimos mandatarios presos o renunciados. Al inicio de la pandemia, Vizcarra también tomó la rápida decisión de rebajar los sueldos de gobierno entre un 10 y un 15%. Algo que en su momento propuso el ministro de Hacienda Ignacio Briones, pero que no flotó. Ojalá que su proyecto de Presupuesto Base 0 sí tenga éxito y termine bien, antes de que sea demasiado tarde.

En contraste con Chile, el presidente de centroizquierda peruano inició la apertura de la economía sin esperar la caída de los contagios desde inicios de mayo, en un proceso de cuatro fases, a través de las cuales han tomado en cuenta medidas sanitarias pero sobre todo, evitar la debacle económica que significa mantener el confinamiento. Nada asegura que este camino se mantenga a firme con este virus, pero al menos que nos sirva mirarlo como una experiencia cercana.

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