A la Cumbre de las Américas (Los Angeles, California), el Presidente Gabriel Boric se fue a presentar como un hombre serio, nada más lejano a Maduro, que valora los tratados de libre comercio y las reglas de la democracia. Dio garantías de cambios, pero garantizando estabilidad y reglas claras, e invitó a invertir en Chile.

Razones tenía para ir a disipar temores. Mal que mal, hace menos de un año, en el primer discurso después de ganar las primarias contra el comunista Daniel Jadue, este mismo hombre señaló: “Si Chile fue la cuna del neoliberalismo, también será su tumba”. Y dentro del gobierno que preside surgen iniciativas para revisar el TLC con EE.UU. por su mirada “imperialista” o la negativa a ratificar el TPP11, que abre las puertas al comercio en el Pacífico.  

El Mandatario se reunió con los CEO de las grandes compañías norteamericanas que totalizan una inversión en Chile de 40 mil millones de dólares, entre AES Andes, Coca Cola, Amazon, Google, Microsoft, Metlife (controladora de AFP Provida), Prudential (participa en AFP Habitat), Principal (dueña de AFP Cuprum), entre otros bancos e industrias. Sus ejecutivos quedaron muy impresionados por las oportunidades que ofreció Boric a la inversión extranjera, a la cual dijo ver como “un socio del país”. Y destacó que “Chile es un país seguro para invertir porque tenemos absolutamente claro que para salir adelante para mejorar nuestras condiciones de vida tenemos que trabajar juntos, sector público y privado”. Incluso estuvo dispuesto a abrir un canal para recibir las consultas en materia previsional, que le plantearon las compañías con inversiones en las AFP y seguros en Chile.  

Si el tratamiento fuera el mismo a los empresarios locales, no estaríamos con el panorama sombrío que enfrentamos, donde sube lo que tiene que bajar y desciende lo que tiene que elevarse. La economía casi no crecerá este ni el próximo año, la inversión caerá un 5% y también en 2023, y la alta inflación acumulada a mayo nos retrotrae 28 años atrás y en unos meses se empinará al 13%. Las platas vuelan tras mejores horizontes en otros países y las empresas también, como la neozelandeza que anunció esta semana la desinversión en Soprole.  

Las señales son confusas por todos lados y distantes a impulsar la inversión o la creación de empleo.

Y, ¿qué ofrece el gobierno para contrarrestar que el 58% tiene una percepción mala o muy mala de la economía (CEP), otro récord histórico? En forma irreal, subir la productividad, como si bajar la jornada de trabajo a 40 horas fuera el remedio. Y en forma real, nuevamente, ofrece elevar los impuestos de todo tipo, como si fuera posible recaudar 4 puntos adicionales del PIB en este escenario de pausa. En gran parte, la madre de la incertidumbre es la propuesta constitucional de refundar Chile y la relación simbiótica de sus autores, la Convención, con el gobierno.

Y el Ejecutivo tampoco se preocupa de las señales que rompan ese pesimismo. El Comité de Ministros, en su primera reunión, rechaza un proyecto de gas por US$650 MM, que había logrado la Resolución de Calificación Ambiental, y otra iniciativa en Ñuble. Las señales son confusas por todos lados y distantes a impulsar la inversión o la creación de empleo.

Ojalá el Boric amigable con la inversión extranjera y el sector privado estuviera promoviendo ese espíritu en Chile. Pero no se le observa empatizando con los verdaderos problemas de sus connacionales. En la Cumbre de las Américas, como escribió en twitter, su cruzada fue por “un nuevo trato continental que promueva en el mundo la democracia, los derechos humanos y la lucha contra el cambio climático”. Bonito y bien lejos de la demanda por seguridad-seguridad-seguridad de los chilenos, que valoran tres veces más el orden público y la seguridad a “que haya libertades públicas y privadas” (CEP). Y se nota que tampoco ha tenido tiempo de enterarse de la caravana de miles de hombres, mujeres y niños que caminan desposeídos hacia la frontera de EE.UU., pidiendo al altar del capitalismo una oportunidad de bienestar y seguridad que no encuentran hoy en sus países. Porque la cruel realidad es que América Latina se ha convertido en una fábrica de pobreza, delincuencia y autoritarismos.

Ojalá no aspiremos nunca a estar dentro de esa caravana por la seguridad y el bienestar.  

*Pilar Molina es periodista.

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