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Publicado el 7 noviembre, 2020

Vanessa Kaiser: Una sola lista, de Kast a Kast

Acádemica Universidad Autónoma Vanessa Kaiser

La derecha arriesga el tercio que necesita para evitar la destrucción de los derechos individuales y, con ella, la desprotección absoluta del individuo y sus libertades frente a un Estado omnipotente. ¿Cómo explicar la estrategia de Chile Vamos?

Vanessa Kaiser Acádemica Universidad Autónoma
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Los ciudadanos de a pie, conscientes de las dificultades que enfrenta el país, esperábamos que la situación se estabilizara, al menos por algún tiempo, hasta el plebiscito de salida. Dichas esperanzas se desvanecen con la noticia de una derecha que, por decisión de Chile Vamos, presentará dos listas en las elecciones de constituyentes. En breve, la derecha arriesga el tercio que necesita para evitar la destrucción de los derechos individuales y, con ella, la desprotección absoluta del individuo y sus libertades frente a un Estado omnipotente. ¿Cómo explicar la estrategia de Chile Vamos?

Antes de responder aclaremos que no se trata de un tema de fondo, pues, a nivel programático, la derecha comparte un acervo común. Hablo de los principios fundamentales que están a la base de las posibilidades de una vida libre y en paz. Resumiendo, de Kast a Kast, los partidos excluyen la violencia, se manifiestan a favor de la democracia constitucional, buscan perfeccionar un Estado al servicio de los ciudadanos y promover un mercado pujante. O sea que, ubicar a republicanos en un extremo, como si se tratase de la contracara del PC, es absurdo.

Por su parte, el argumento de que las condiciones no estarían dadas por las críticas del líder republicano al gobierno, es de una superficialidad propia de la farandulización política que tanto daño le ha hecho a nuestra democracia. No sólo porque efectivamente el gobierno ha perdido el apoyo de su electorado y en ese marco las críticas representan al votante de derecha hoy decepcionado. Además, porque lo que está en juego en el proceso constituyente es el Chile de los próximos cuarenta años, no la permanencia en el gobierno de un sector político. Los líderes de Chile Vamos lo saben, lo que sucede es que están ocultando su estrategia.

No se necesita de mucha erudición para entender la conveniencia de marginar al Partido Republicano. El objetivo es captar un electorado de centro que evita los extremos y, para lograrlo, es necesario mostrar que ese extremo existe, aunque sea usando una imagen falsa, construida de forma deliberada por la propaganda política. Pero la falsedad no es el peor aspecto de la estrategia que analizamos, sino los efectos que produce en un espectro político donde ese centro en el que la derecha quiere posicionarse ya no existe. Su extinción se debe a que ha pasado a ser funcional a los intereses de la extrema izquierda. ¿O es que nadie en Chile Vamos se ha dado cuenta de que hace más de un año la agenda del gobierno es la que ha impuesto el PC y esa parte del FA que votó en contra del proyecto de exclusión la violencia como método de acción política?

Son varios los opinólogos y políticos de la vieja guardia que han advertido sobre la desaparición del centro y el fortalecimiento de la extrema izquierda, pero parece que la soberbia de los líderes de Chile Vamos no encuentra barreras de contención. A estas alturas prefiero pensar que se trata de un problema de carácter, antes que de otro tipo cuando no ven que su estrategia centrista termina consolidando el proyecto político de la izquierda antidemocrática. Si quieren un botón de muestra basta con observar el desmantelamiento institucional, la farra de recursos estatales, la legitimación de la violencia, el avance del narcoterrorismo y del resentimiento funcional a la lucha de clases y el brutal empobrecimiento del país. O, más simple, ir a la web y enterarse de los dichos del diputado Gutiérrez sobre la Armada.

En suma, ubicar al partido Republicano en un extremo es un artilugio que sirve a un tipo de ingeniería electoral en cuyo marco priman los intereses particulares del liderazgo político y desaparece el bien común. La pregunta que queda por plantear es: ¿cómo reaccionarán las bases cuando tengan que asumir las consecuencias de las decisiones de sus líderes?

Quizás, cansadas, se retiren a la intimidad de sus hogares y abracen la pasividad de una vida privada, sujeta al arbitrio de los gobernantes de turno. Otro escenario posible y deseable es que decidan cambiar de sede política y pasen a integrar las filas de aquellos que mantienen coherencia entre sus acciones y los principios que los inspiran.

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