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Publicado el 23 de noviembre, 2019

Vanessa Kaiser: La delgada línea roja

Acádemica Universidad Autónoma Vanessa Kaiser

Profesores, padres, líderes de opinión y periodistas deben repudiar la violencia, sea ésta en contra de la libre circulación, la propiedad, las fuerzas de orden, la libertad de expresión o de asociación. Ya no podemos tolerar que personas en altos cargos como la directora de Cadem, Karen Thal, aparezcan en los medios con frases del tipo de que los jóvenes de hoy tienen “la perso” para evadir que no tenían las generaciones anteriores. ¡Hasta cuándo con el aplauso!

Vanessa Kaiser Acádemica Universidad Autónoma
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El acuerdo firmado por los partidos políticos es como el trazado de una delgada línea roja. Cruzar esta última frontera equivale a cambiar de la realidad. No cabe duda de que todo esfuerzo por la construcción de vías democráticas que permitan enfrentar crisis y resolver aquellas causas que las originan debe ser apoyado. Sin embargo, de nada servirán las buenas intenciones si el espíritu pluralista e integrador de las diversas voces sucumbe durante el proceso. Para contribuir a que ello no ocurra es necesario estar alertas a algunos aspectos del quehacer político cuyas dos dimensiones fundamentales, la práctica y la simbólica, deben anudarse en la legitimidad que emerge de la opinión y juicio de ciudadanos bien informados.

De ahí que el primer llamado sea a no crear falsas expectativas que puedan servir a una nueva crisis social. Muchos creen que sus problemas particulares tendrán una solución si cambiamos el contenido de la Carta Magna. Hablamos de asuntos como el monto de las pensiones, los delitos de colusión, el precio de los medicamentos, las tarifas de transporte público, carreteras y servicios sanitarios, además de los sueldos de ministros y empleados públicos. Ninguno de estos temas es regulado por la Constitución, sino por decretos y leyes. Aclarar esto a la ciudadanía es necesario. Sólo así evitaremos se instale un nuevo malestar producto de la decepción que vendrá en caso de que nazca una Carta Magna del proceso constitucional y no avancemos en la satisfacción de las demandas sociales con la celeridad esperada por quienes suponen que su mera promulgación les cambiará la vida. Muy por el contrario; sabemos que Chile se encuentra en el comienzo de una severa crisis económica y, por tanto, de lo único que podemos estar seguros es de habernos anotado el pírrico triunfo de avanzar hacia una igualdad injusta: aquella que castiga a las personas que trabajan, golpea con más fuerza a los más pobres e incendia los sueños de quienes creían en un país donde realizar parte de sus anhelos. Hoy, qué duda cabe, todos los chilenos somos más pobres.

¿Cómo es posible que personas que alaban la vía violenta para la consecución de fines sigan estando en posiciones desde las cuales influencian a la ciudadanía?

Un segundo aspecto sobre el cual me parece necesario poner énfasis es la importancia de soluciones pacíficas y el rechazo a todo tipo de violencia. ¿Cómo hacerlo? Es necesario apoyar a los establecimientos educacionales con asesorías de profesionales especializados en medios de resolución de conflictos que promuevan el diálogo y el espíritu democrático. Chile no puede esperar paz si, según un estudio aplicado por la Agencia de Calidad de la Educación a alumnos de 8° básico en 2018, uno de cada tres estudiantes considera la violencia como un medio legítimo. En este marco es necesaria la condena de la violencia de todos los actores sociales, medios de comunicación incluidos. Profesores, padres, líderes de opinión y periodistasdeben repudiar la violencia, sea ésta en contra de la libre circulación, la propiedad, las fuerzas de orden, la libertad de expresión o de asociación. Ya no podemos tolerar que personas en altos cargos como la directora de Cadem, Karen Thal, aparezcan en los medios con frases del tipo de que los jóvenes de hoy tienen “la perso” para evadir que no tenían las generaciones anteriores. ¿¡La “perso”!? Eso se dice de personas creativas, con liderazgos positivos. ¡Hasta cuándo con el aplauso! Como bien dijo Iván Poduje esta semana en una entrevista radial, no hubo evasiones pacíficas. Las evasiones han violentado a los trabajadores del metro, han intimidado a sus guardias, han dejado en estado de shock a otros pasajeros y terminado pariendo un monstruo incontrolable. ¿Cómo es posible que personas que alaban la vía violenta para la consecución de fines sigan estando en posiciones desde las cuales influencian a la ciudadanía?

También podemos preguntarles a muchos profesores: ¿en qué están pensando cuándo promueven la destrucción de un sistema que, con todos sus defectos, ha mejorado la vida de la mayoría los chilenos? Quizás es muy temprano y sea necesario esperar a que crucemos la línea roja para oír una respuesta sincera. Lo que sí sabemos es que el Colegio de Profesores ha tenido, históricamente, gobiernos de un solo sector. Es, por tanto, un grupo en el que todos piensan igual y no existe el pluralismo. Lo peor es que, gracias a la jornada escolar completa, los jóvenes de Chile se encuentran presos en sus establecimientos. Todo lo que experimentan es colectivo, no hay espacio para el desarrollo del pensamiento propio y muchas de las materias que aprenden se inspiran en directrices políticas de profesores que, en lugar de hacer bien la pega, instruirse y cumplir con las evaluaciones requeridas para aumentar su ingreso, prefieren enseñar doctrinas que justifican la violencia. Siempre hay excepciones. Si quiere conocer una, ponga en su buscador el siguiente nombre: Nadia Valenzuela, profesora de Angol que logró una donación de la NASA a su escuela. Gracias a la llegada de los instrumentos para hacer experimentos en microgravedad, sus estudiantes (97% en estado de vulnerabilidad) estudian semillas que podrían servir a granjas espaciales.

En medio de esta crisis también es fundamental que los adultos sean el ejemplo para una generación crecida en la indolencia de los juegos electrónicos que afectan de modo importante la capacidad de empatizar con el prójimo y lidiar con las diferencias. ¿Estos son los niños que ciertos sectores políticos empeñados en la destrucción de toda institucionalidad, incluida la del voto, quiere integrar a los procesos eleccionarios? ¿Los mismos niños que hoy sacan a ancianos de sus autos y se pagan con su humillación para dejarlos pasar? Señoras y señores, hay que entender que esta crisis institucional tiene algunos oasis. Uno de ellos es el cargo de la presidencia al que se desea destruir con la acusación constitucional y el otro es el voto. Si se permite la votación a menores, los establecimientos educacionales hoy atrapados por la ideología marxista van a redoblar sus esfuerzos de adoctrinamiento y el voto ejercido por jóvenes que no tienen ninguna relación con su realidad perderá toda legitimidad.

Chile necesita recuperar los valores del pluralismo, el respeto al pensamiento distinto y el amor por el diálogo. Las universidades deben asegurar a sus estudiantes una plana docente diversa al punto que su acreditación dependa de ello. Sólo así viviremos en el marco democrático donde los derechos del ciudadano son consagrados por las instituciones y respetados por los demás miembros de la sociedad.

¿Cómo es posible que antes de que la ciudadanía se haya manifestado sobre un cambio de Constitución, los diversos medios y actores de la esfera pública lo den por hecho?

Otro aspecto sobre el cual conviene detenerse nos habla de la captura del mercado y del Estado por diversos grupos. Es necesario hacer cambios fundamentales que promuevan la competencia y devuelvan al ciudadano su libertad económica, integrando a la vida de la mayoría a quienes viven en barrios marginados del bien común. Necesitamos avanzar con paso firme hacia un Estado moderno, pequeño y eficiente cuya gestión se rija por una legislación que castigue fuertemente el mal uso de los recursos públicos.

Desde otro flanco es necesario llamar la atención sobre el rol que las élites están teniendo en el proceso constituyente. ¿Cómo es posible que antes de que la ciudadanía se haya manifestado sobre un cambio de Constitución, los diversos medios y actores de la esfera pública lo den por hecho? Esperar el resultado de la votación es el mínimo respeto que la igualdad de trato exige. ¿Cómo no se dan cuenta de que ellos, las caras de siempre, son parte de este problema en la medida que no respetan al público que les oye? Es necesario entender que no porque usted esté tras la pantalla o sentado en el sillón del poder ha de hablar por ciudadanos que aún no han votado el camino que Chile debe seguir. De hecho, hace pocas semanas, las mayorías encuestadas no expresaban ningún interés en cambiar la Constitución. De ahí la necesidad de esperar y respetar la voz de los ciudadanos en las urnas, evitando caer en la carrera por el poder y el populismo irresponsable que hemos observado.

Finalmente, en la dimensión práctica de la política creo que, si Chile no da la batalla en los aspectos mencionados, cruzaremos la delgada línea roja. Y es que, si la violencia se legitima gracias al contexto de quiebre de la paz y la total impunidad de la que hemos sido testigos y víctimas, no habrá resultado mayoritario que podamos hacer respetar por aquellas minorías que han destruido nuestro país. En lo que respecta a la dimensión simbólica, si las expectativas creadas no se cumplen, y terminamos entregando un poder omnímodo a un Estado ineficiente y corrupto, habremos agotado todas las vías institucionales que nos provee la democracia para la protección de los derechos y la dignidad de los ciudadanos.

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