Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 22 de septiembre, 2018

Vanessa Kaiser: El FA y sus tres mosqueteros

Acádemica Universidad Autónoma Vanessa Kaiser

Los sectores del FA que “usan calcetines con rombos” no están peleando por preferencias estéticas, sino que por su propia existencia dentro de la coalición. ¿Y de qué depende dicha existencia? De tres elementos esenciales: la fuerza del colectivo, su praxis política y la promesa de su discurso.

Vanessa Kaiser Acádemica Universidad Autónoma
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Duros o más bien despiadados han sido los tres mosqueteros del FA con algunos de sus correligionarios en las semanas de este mes patrio que se celebra y se duele, no sólo por las fondas y los accidentes, sino por la historia compartida. En su defensa irrestricta de los DD.HH. -únicos monarcas legítimos en una democracia- Mirosevic, Boric y Jackson han herido las susceptibilidades de parte importante de su sector. La artillería de acusaciones por parte de sus detractores no se hizo esperar. Van desde “darle agüita a la derecha” y estar en contra de la autonomía de los pueblos hasta querer excluir a quienes piensan diferente -con analogías tan desafortunadas como que negar la violación a los DD.HH. en Venezuela y Nicaragua equivaldría a usar calcetines distintos, “con rombos”, dice la diputada Jiles-. ¿Qué hay en el fondo de esta batalla? ¿Cuáles son las razones que llevan a que colectivos del FA reaccionen como si la defensa de los DD.HH. les infringiera una herida mortal?

 

No, no se trata -como dice Mirosevic- de sectores cuya reacción se deba a su arrogancia, inmadurez o a una soberbia desmedida. Si así fuese, bastaría con apartar de los cuantiosos fondos que despilfarra nuestro decimonónico Estado en papeleo administrativo para comprarles pasajes en vuelos sin escala con destino a los paraísos que defienden. La única misión del viaje sería beber una dosis de realidad. Quizás sólo entonces, cuando las cámaras mostraran a nuestros turistas políticos seguir “negando” las violaciones a los DD.HH. a pesar de haber visto los cadáveres de los 400 nicaragüenses, visitado a los 600 presos políticos en las cárceles y a los familiares de los más de 700 muertos que se ha cobrado sólo el régimen de Maduro, quedaría en evidencia la amenaza que representa para ellos la lucha desatada por los tres mosqueteros.

 

Vamos al grano. Los sectores del FA que “usan calcetines con rombos” no están peleando por preferencias estéticas como ha querido insinuar nuestra honorable diputada, sino que es una lucha por su propia existencia dentro de la coalición. ¿Y de qué depende dicha existencia? De tres elementos esenciales: la fuerza del colectivo, su praxis política y la promesa de su discurso.

 

La daga que causa la muerte se afila cuando, sin excepción, los sectores y actores de la esfera pública reconocen que la praxis política encuentra su límite en los derechos fundamentales de todos los seres humanos. Surge entonces la obligación de respetar al “enemigo” y de observar su dignidad.

 

No sabemos si alguno de los mosqueteros está consciente, pero para aquellos colectivos que (como sucede con sus detractores frenteamplistas) se conciben desde la lógica amigo-enemigo, están prohibidos los elementos políticos facilitadores de acuerdos transversales y todo intento por promoverlos es un atentado. Su lema reza: “o estás con nosotros o en nuestra contra”. Este es el fundamento de una praxis política dedicada a la exacerbación de antagonismos que, radicalizados, sirven como condiciones que posibilitan quiebres institucionales, revoluciones y guerras civiles. Su pensador más eximio fue Carl Schmitt, jurista del régimen nazi que explica: “Los conceptos de amigo, enemigo y combate reciben su sentido concreto por el hecho de que se relacionan especialmente con la posibilidad real de la muerte física y mantienen esa relación. La guerra proviene de la enemistad puesto que ésta es la negación esencial de otro ser. La guerra es solamente la enemistad hecha real del modo más manifiesto. No tiene por qué ser algo cotidiano, algo normal; ni tampoco tiene por qué ser percibido como algo ideal o deseable. Pero debe estar presente como posibilidad real si el concepto de enemigo ha de tener significado”.

 

En este contexto se entiende que, para este tipo de colectivos, las violaciones a los DD.HH. sólo las cometan los “enemigos”, es decir, gobiernos de derecha. En las últimas semanas el ejemplo más claro de esta concepción política lo vimos en la violación a la libertad de expresión de las víctimas de Ortega en el Museo de la Memoria.

 

En suma, a partir de la cita de Schmitt, padre del fascismo, podemos comprender mejor el daño que los tres mosqueteros han causado. La primera estocada llega muy cerca del corazón de sus correligionarios debido a que, con su defensa de los DD.HH., han puesto en entredicho la distinción amigo-enemigo que sirve a la cohesión de la que depende la existencia del colectivo. Pero no es esta la herida mortal. La daga que causa la muerte se afila cuando, sin excepción, los sectores y actores de la esfera pública reconocen que la praxis política encuentra su límite en los derechos fundamentales de todos los seres humanos. Surge entonces la obligación de respetar al “enemigo” y de observar su dignidad. Con ese elemento como cohesionador común, el discurso de antagonismos fundados en el odio que todo lo justifica pierde la fuerza que le da la promesa del placer de la venganza. ¿Y qué queda de un discurso cuando no tiene nada que prometer? Su extinción y el desangramiento, hasta la muerte, de sus promotores en la vida política…

 

Queda por esperar el triunfo no sólo de los tres mosqueteros del FA, sino además de aquel D’ Artagnan conocido como Jaime Bellolio, quien, con su minuto de silencio, abrió las posibilidades a que también en su sector puedan terminar por sacudirse el lastre ideológico de la guerra fría y afrontar los desafíos de nuestra era digital.

 

Al desaparecer los antagonismos nos encontramos en ese mundo liberal que Schmitt odiaba, porque donde no hay enemigos en el sentido existencial ya no se puede exigir el sacrificio de la vida, ni menos autorizar el derramamiento de sangre. A juicio del nacionalsocialista, este es el mundo “sin política”. Nuestra perspectiva es diametralmente opuesta. Plantea que sólo en este mundo -depurado del fascismo- será posible a nuestros jóvenes representantes mejorar las condiciones que benefician a una ciudadanía agotada de tanta pugna sin sentido.

 

Queda por esperar el triunfo no sólo de los tres mosqueteros del FA, sino además de aquel D’ Artagnan conocido como Jaime Bellolio, quien, con su minuto de silencio, abrió las posibilidades a que también en su sector puedan terminar por sacudirse el lastre ideológico de la guerra fría y afrontar los desafíos de nuestra era digital. Sólo así la democracia recupera su sentido; en la esperanza de aquellas promesas que sí convocan a las mayorías hoy injustamente oprimidas por discursos minoritarios que han capturado “algo más” que la agenda pública. Dichas promesas las conocemos todos: mejorar la calidad en educación, salud, vivienda y ampliar las oportunidades tan anheladas por los niños de hoy que mañana serán jóvenes buscando trabajo en el mercado laboral, ansiosos por cumplir los sueños de una vida plena.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI /AGENCIAUNO

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: