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Publicado el 20 julio, 2021

Chile, ¿cuna y tumba del neoliberalismo?

Acádemica Universidad Autónoma Vanessa Kaiser

A diferencia del pasado, la imposición de una economía planificada y de un gobierno totalitario tiene más chances en vistas a tres factores. Primero, la ausencia de un bloque de contención. Segundo, un desmantelamiento institucional profundo. Y, tercero, la desmoralización de las FF.AA.

Vanessa Kaiser Acádemica Universidad Autónoma
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Gabriel Boric ha anunciado que Chile, habiendo sido la cuna del neoliberalismo, también será su tumba. Su proyecto, disfrazado de todo tipo de bondades fracasadas, consiste en transformar al país en una tumba lúgubre donde los que caminen por las grandes alamedas lo hagan harapientos, con los estómagos vacíos, las tripas pegadas a la médula espinal, desempleados, amenazados por las mismas bayonetas que hoy se empuñan en contra del pueblo cubano; en otras palabras, lo harán más pobres y, en el imaginario de sus líderes, también más felices. ¿Cómo se puede ser feliz en esas circunstancias?

“No sólo de pan vive el hombre”, dijo un sabio hace mucho. Y eso la vanguardia gramsciana lo sabe. De ahí que amasen el pan de la igualdad para el alma del pueblo. Su distribución es gratuita. Está a cargo de profetas que abundan en los medios de comunicación donde etiquetan de extremistas a quienes defienden los viejos valores: vida, libertad y propiedad. En contraste, proyectos como el de Boric son aplaudidos a rabiar, aunque se sepa que en su pacto Apruebo Dignidad habitan comunistas cuyas relaciones con el narcoterrorismo quedaron en evidencia tras la muerte de Raúl Reyes. También saben que con su plan económico destruirá el mercado (pretende incrementar los ingresos públicos en 8,5 puntos del PIB). Pero ni les importan las propuestas de impuestos expropiatorios ni que en el pacto habite uno de los políticos más antisemitas del mundo. Mientras haya pan para el estómago, almas anhelantes de algún credo que sirva a su superioridad moral, beben tragos largos de la moralina que calma sus consciencias.

Así, borrachos como perdices, quienes celebran a Boric en los medios olvidan por conveniencia que parte importante de su votación la debe al rechazo que provoca su competidor. No es que la izquierda abomine a Jadue por sus inclinaciones totalitarias (Boric también las tiene). Más bien hay un voto en venganza porque Jadue se negó a integrar al PS y PPD en el pacto con el fin de mantener un polo antineoliberal que lo acerque a la Lista del Pueblo. Nadie ha entendido el trasfondo de esta jugada. El objetivo de parte de quien anhela capitalizar nuevas fuerzas políticas integradas por extremistas acérrimos y vándalos, es evidente: mientras Boric come sopaipillas con los sectores institucionales otrora miembros de la UP, Jadue se transforma en la cabeza de un movimiento hasta ahora acéfalo y capitaliza la gesta del estallido. Así se conforma un bloque que supera al tercio, consolidando las condiciones de la victoria del comunismo que Chile rechazó en 1973. A diferencia del pasado, la imposición de una economía planificada y de un gobierno totalitario tiene más chances en vistas a tres factores. Primero, la ausencia de un bloque de contención -tipo EE.UU.- al avance de la izquierda totalitaria que ha capturado a los organismos internacionales. Segundo, un desmantelamiento institucional profundo que, en lugar de abusar de resquicios legales, atacó el corazón de la república con el proceso constituyente. Y, tercero, la desmoralización de las FF.AA. decididas a no seguir acumulando fondos en la moneda “del pago de Chile”.

A los factores mencionados hay que sumar una derecha en cuyas primarias los electores derrotaron a sus representantes partidarios. ¿Por qué? Porque abrazaron el credo antineoliberal que niega el mérito y afirma la pobreza como el camino hacia una vida buena y la universalidad de derechos sociales impagables. En contraste, la victoria de Sebastián Sichel, candidato independiente, se explica porque fue el único en apoyar el modelo de libre mercado que permitió a personas como él salir adelante. Así es que, hoy por hoy, la derecha partidaria tiene a un solo candidato, José Antonio Kast.

Así las cosas, el escenario se complica, pues la mayoría en las cúpulas de los partidos tradicionales de derecha ha renunciado al neoliberalismo y pasado a formar parte del equipo de quienes aprueban una dignidad sin crecimiento, sin inversión extranjera, sin oportunidades y con impuestos confiscatorios que destruirán el mercado. La buena noticia es que los votantes castigaron su traición. La mala, es que un enfrentamiento Sichel- JAK probablemente deje a ambos fuera del juego. Eso ha llevado a que muchos demanden la renuncia de JAK a la inscripción de su candidatura. Y, aunque no tienen ningún derecho a exigir tamaño sacrificio a quien han desprestigiado etiquetándolo de extremista por ser creyente, defender la familia, la soberanía nacional, la libertad y la paz, podrían tener razón. Quizás, sería la única forma de evitar que el próximo presidente sepulte el modelo que ha llevado a Chile a ser el país favorito de los inmigrantes que arrancan de las tumbas socialistas.

Discrepo de quienes piensan así, porque esa era una fórmula adecuada para el Chile pre estallido. Hoy el Presidente tiene poco que hacer ante un semiparlamentarismo de facto que se ha arrogado el poder de violar la Constitución a diestra y siniestra. Hay quienes tienen esperanzas en las próximas parlamentarias, pero me parece poco realista por el modo en que opera nuestro sistema electoral. Tampoco vemos soluciones a nuestra crisis en una Constituyente dominada por la extrema izquierda y menos aún en las instituciones de un Estado fallido. ¿Podría Sichel hacer una diferencia en este escenario desde el ejercicio del poder ejecutivo? ¿Lo dejarían gobernar quienes hicieron imposible el proyecto que Piñera presentó a la ciudadanía? ¿Qué hará el candidato frente a un Estado fallido gracias a la captura de operadores políticos de extrema izquierda?

Digámoslo de una vez. Hoy el escenario es distinto. Si un candidato de derecha es elegido, aunque venga de la centroizquierda, es muy probable que no lo dejen gobernar. Y como, hasta ahora, nadie ha puesto freno al avance del narcoterrorismo ni a las pretensiones totalitarias de la Constituyente, la candidatura de JAK es más necesaria que nunca. Lo sabremos cuando Chile esté bajo tierra y se enfrente a la posibilidad de una resurrección o asuma los padecimientos que han vivido, gracias al socialismo, los habitantes de aquellos países con las mayores tasas de mortalidad infantil, desnutrición y peor calidad de vida. Todos ellos transformados en una tumba más del cementerio donde yace la libertad.

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