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Publicado el 3 noviembre, 2020

Vanessa Kaiser: A barrer con los políticos

Acádemica Universidad Autónoma Vanessa Kaiser

Lo que pretende un grupo muy bien organizado con escasa representación parlamentaria es un recambio de la clase política y no precisamente por la vía democrática. Para ello es necesario avanzar en dos rutas fundamentales: desprestigiar la vía institucional planteada y transformar el plebiscito en un asunto polémico.

Vanessa Kaiser Acádemica Universidad Autónoma
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Apenas transcurrido un plebiscito en que la mitad de los chilenos se quedó en casa, voces cargadas por la decepción resuenan entre quienes aprobaron el desmantelamiento institucional. ¿Cuál es el supuesto engaño del que han sido víctimas? Podemos sintetizarlo fácilmente. Los votantes del Apruebo pensaron que la constituyente iba a ser conformada por ciudadanos y no por una clase política cuyo desprestigio es digno de un registro en los récords Guinness.

Es verdad que un independiente no tiene ninguna posibilidad de salir electo bajo las reglas establecidas. Pero, ¿en serio no lo sabían? ¿O sea que todos los medios de prensa y sus comunicadores, los líderes de movimientos sociales y sindicales nunca se enteraron de que la elección se haría con el mismo sistema que rige en las elecciones parlamentarias?

Como no les creo, intentaré explicar por qué podrían estarnos están mintiendo de forma tan descarada, no sin antes dejar claro que estos artistas del engaño ya hicieron caer en sus redes a parte importante de quienes votaron Apruebo. Lo que esos electores no saben es que los tiempos del desaliento, la frustración y la desesperanza recién comienzan. Quizás, desde esta modesta columna, pueda aportar en algo a que, al menos, se entienda parte del engaño.

Empecemos por el hecho de que las reglas de elección de constituyentes eran conocidas por todos y que, incluso, parte de la campaña por el Rechazo advertía sobre ello. Sin embargo, la gran mayoría de los decepcionados no se enteró. En otras palabras, los comunicadores y diversos líderes ocultaron esa información que hoy sirve para desprestigiar al proceso en la forma que fue concebido. ¿Con qué fin? El objetivo era asegurar la victoria del Apruebo.

Tras el triunfo viene la segunda etapa. Ésta consiste en capitalizar el descontento de la población con la clase política y, en la medida de lo posible, fortalecer aquellas agrupaciones sociales que promovieron las protestas y alimentaron el estallido. Incluso se habla de que el Apruebo sería obra de los 2.500 “presos políticos”, también conocidos como “primera línea”, hoy tras las rejas y esperando el indulto. Así cobra fuerza el sueño de una minoría que anhela la creación de una Asamblea Constituyente omnipotente formada sólo por ellos y los movimientos que adhieren a sus doctrinas. En otros términos, se busca el reemplazo antidemocrático de la élite política a la que, como sucediera en la década del ’50, una gran mayoría desprecia.

Comparo los tiempos actuales con el año ’52 cuando el general Ibáñez del Campo ganó las elecciones presidenciales con el lema: “Ibáñez al poder y la escoba a barrer”. ¿Barrer con qué? Con la corrupción de los políticos. Pues bien, en los tiempos del gran engaño, lo que pretende un grupo muy bien organizado con escasa representación parlamentaria es un recambio de la clase política y no precisamente por la vía democrática. Para ello es necesario avanzar en dos rutas fundamentales: desprestigiar la vía institucional planteada y transformar el plebiscito en un asunto polémico. La primera se recorre capturando el discurso hegemónico con el objeto de torcer el alegre ánimo del triunfo e instalar la decepción. Ello explica que hayan ocultado a los electores las reglas del juego creando la ilusión de que éste sería un proceso empapado del espíritu ciudadano. La segunda ruta también muestra avances importantes. ¿O usted cree que el discurso desplegado sobre las tres comunas no responde a esa lógica de polemizar para enemistar a la población? Fascismo al más puro estilo de Carl Schmitt, jurista nazi, que recomendaba convertir cualquier diferencia o tensión social en un asunto político capaz de dividir a la ciudadanía en grupos de amigos y enemigos.

Lo que explica el triunfo del Rechazo en dichas comunas se resume en una sola palabra: educación. Los ciudadanos que las habitan se financian de sus bolsillos una educación de calidad que ningún gobierno ha estado a la altura de proveer a los demás chilenos. Piense usted que un 44,3% es analfabeto funcional y cinco millones de adultos no terminaron la enseñanza media. Luego, contraste esas cifras con los resultados de la Cadem y… ¡Eureka! Un 49% de los votantes por el Apruebo le creyó a los artistas del engaño que una nueva Constitución serviría para “garantizar derechos sociales en pensiones, educación y salud.” Usted y yo sabemos que, muy por el contrario, la incertidumbre institucional acelerará el empobrecimiento del país y profundizará la crisis existente. Es muy posible que, cuando los engañados se den cuenta, desplieguen su furia ciudadana en manifestaciones masivas. Si llegamos a vivir esos tiempos de “alegre revolución”, los artistas del engaño habrán realizado su sueño y la escoba será usada para lo que sirve: barrer.

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