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Publicado el 23 de junio, 2019

Valentina Verbal: Totalitarismo con rostro humano

La declaración de principios del Partido Republicano resulta abiertamente incompatible con varias de las libertades civiles republicanas propias de un ordenamiento jurídico como el nuestro.

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La Declaración de Principios del nuevo Partido Republicano, liderado por José Antonio Kast (JAK), resulta chocante. Aunque casi nunca, en política, los principios son aplicados a rajatabla (la política es el arte de las concesiones), lo cierto es que un documento como este permite hacerse una idea de la visión de sociedad de sus fundadores. Ese mérito, al menos, no se puede negar. Por lo demás, y como veremos a continuación, dicha declaración resulta abiertamente incompatible con varias de las libertades civiles republicanas propias de un ordenamiento jurídico como el nuestro.

Por motivos de espacio, refiramos aquí sólo tres botones de muestra. El principio número dos declara que: “Toda intolerancia, persecución o violencia contra la fe en Dios y sus expresiones, constituyen un acto en contra de los derechos de las personas, un atentado a la sociedad democrática y contravienen gravemente nuestra tradición cristiano-occidental”. ¿Qué significa esto? ¿Qué se entiende por “intolerancia” o “persecución”? ¿Entrarían aquí expresiones contra la fe, como las que podría esgrimir un ateo o una persona muy crítica de la historia del cristianismo? ¿En qué situación queda, según esto, la libertad de expresión?

JAK y su partido creen que el Estado debería imponerle al conjunto de la población una particular concepción de la moral sexual y familiar.

El principio 3 declara que la familia se funda “en el matrimonio entre un hombre y una mujer” y que “los niños tienen derecho a tener un padre y una madre”. Y más abajo agrega que este “ideal” de familia debería ser promovido por el Estado. ¿Qué quiere esto decir? ¿Buscarán, JAK y su partido, abolir el acuerdo de unión civil y la adopción homoparental, de aprobarse esta última en el Congreso? Pero, más allá de si esto pueda o no lograrse, lo cierto es que JAK y su partido creen que el Estado debería imponerle al conjunto de la población una particular concepción de la moral sexual y familiar. De acuerdo a lo que indica el documento, y a pesar de que la mayoría de los niños en Chile pertenecen a familias monoparentales, los colegios deberían promover el supuesto ideal de un padre, una madre, unos hijos, y quizás un perro.

El principio 4 sostiene que “ni la verdad ni el bien pueden ser definidos por mayorías circunstanciales, porque en ese caso estaríamos hablando de conceptos esencialmente transitorios, relativos y cambiantes”. Esto es rarísimo. ¿Alguien ha visto alguna ley que defina lo que es el bien, o lo que es la verdad? Ciertamente, no. Sería ridículo. Pero lo que JAK y su partido nos están diciendo es que el Estado, a través de su ordenamiento jurídico, debería reconocer una sola concepción del bien y de la verdad, excluyéndose la expresión de las demás.    

Llama la atención que algunos sectores de Chile Vamos hayan reparado tan poco en el carácter totalitario —aunque con rostro humano, cabe reiterar— de las ideas para el país de JAK.

Los tres principios anteriores, referidos únicamente a manera de ejemplo, dan cuenta de que JAK y su partido no sólo son conservadores extremos (que sí lo son), sino además totalitarios. No en el sentido que en el siglo XX se le atribuyó a las dictaduras fascistas y a los gobiernos que formaban parte de la órbita soviética, sino en términos de que el Estado podría inmiscuirse en asuntos de vida privada, como son la fe religiosa (o la falta de ésta), el tipo sexualidad y de familia, y las concepciones del bien y de la verdad. Ningunos de estos asuntos deberían quedar, bajo la visión del nuevo partido de JAK, en manos de los propios involucrados —los individuos—, sino que ellos tendrían que ser establecidos o, al menos, promovidos por el Estado. Por ejemplo, el eslogan “con mis hijos no te metas”, que los seguidores de JAK han hecho suyo con pasión, aplicaría sólo en contra de la diversidad sexual, pero no para el ideal de sexualidad y familia ya referido.

Dado que tampoco cabría seriamente afirmar que JAK pretende establecer una dictadura —que viole las libertades políticas, además de las civiles—, y dado que tampoco podría decirse que JAK es una persona desagradable y antipática, al menos, podría afirmarse que lo suyo representa un totalitarismo con rostro humano, “buena onda”, pero no por eso poco peligroso. Llama la atención que algunos sectores de Chile Vamos hayan puesto tanto el ojo en los posibles efectos electorales que el ingreso del partido de JAK podría suponer para la coalición, o en el hecho de que permanentemente ejerce fuego amigo en contra del gobierno. Pero poco o nada han dicho del carácter totalitario —aunque con rostro humano, cabe reiterar— de sus ideas para el país. ¿No sería bueno que, al menos alguna vez en la vida, los partidos de Chile Vamos renuncien al mero cálculo, y rechacen de plano la visión de sociedad que JAK le está ofreciendo hoy al país?

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