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Publicado el 20 de marzo, 2019

Valentina Verbal: La libertad dentro del orden

Pese a que diversos estudios muestran la ineficacia del control preventivo de identidad en adultos, la derecha chilena insiste en apelar a su herencia decimonónica y autoritaria, y también a los más bajos instintos de las masas populares, a los que suele plegarse de manera irreflexiva, y no precisamente como lo ha hecho en otros casos, a partir de evidencia empírica que la respalde de manera seria.

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A Manuel Montt —quien gobernó Chile entre 1851 y 1861— se le atribuye el lema “la libertad dentro del orden”, que apuntaba a justificar las limitaciones a la libertad de los individuos en beneficio de la conservación del orden público. Esta idea suponía, en la práctica, estados de sitios y restricciones a la libertad de movimiento, pero también a la de expresión y de cultos. Es decir, en una frase reflejaba el miedo del conservadurismo decimonónico chileno a que las personas recorran, de manera autónoma, un determinado camino en sus vidas, tanto física como espiritualmente.

Curiosamente, y pesar de toda el agua que ha corrido bajo el puente, pareciera que dicho lema se mantiene vigente en nuestra derecha que, aunque suele invocar la libertad en sus campañas, frente al igualitarismo ramplón de la izquierda, termina siempre eclipsándola en favor de la seguridad pública, ejercida por las policías, y en las que tiende a depositar una confianza casi religiosa.

La seguridad pública —que los órganos de policía ejercen— debe estar al servicio de la libertad, y nunca al revés.

Esta derecha —decimonónica en sus raíces— parece olvidar que, pese a que el Estado ejerce el monopolio de la violencia física, ésta debe usarse de manera excepcional y sin afectar las libertades de los individuos. La única razón legítima para limitar la libertad es la salvaguarda de la libertad de otros. De esta manera, la seguridad pública —que los órganos de policía ejercen— debe estar al servicio de la libertad, y nunca al revés. Y aunque se sostenga que, justamente, esto es lo que se persigue, el problema surge cuando el principio que se presume como regla para la sociedad no es la libertad, sino la seguridad, que pasa a ser fin y deja de ser medio.

La derecha chilena suele anteponer la seguridad y el orden a la libertad. Probablemente, sea verdad que nuestra derecha posee un fondo hobbesiano al creer en la necesidad de que los individuos entreguen su libertad al soberano a cambio de mayor seguridad; o quizás sea éste el instinto básico que posean las masas populares (partidarias, también, de la pena de muerte), y al que la derecha se suma por razones electorales y para aumentar su aprobación en las encuestas. De alguna u otra manera, todo esto forma parte de lo que se ha venido en llamar “populismo de derecha”, y que también da cuenta de los mismos sentimientos tribales y colectivistas que, en otras materias (economía y educación, especialmente), expresa la izquierda.

Dicho lo anterior, y pese a que diversos estudios muestran la ineficacia del control preventivo de identidad en adultos (ver, por ejemplo, Mauricio Duce en Estudios Públicos, N° 141, 2016), la derecha chilena —hoy liderada, en un segundo mandato, por el Presidente Piñera— insiste en apelar a su herencia decimonónica y autoritaria, y también a los más bajos instintos de las masas populares, a los que suele plegarse de manera irreflexiva, y no precisamente, como lo ha hecho en otros casos, a partir de evidencia empírica que la respalde de manera seria. Ahora busca ella ampliar el control preventivo de identidad a los menores de edad mayores de 14 años por razones muy poco claras; al parecer sólo desde dicha herencia histórica y reacción popular. Las palabras de Mario Desbordes, al decir que este proyecto se lo pidieron los vecinos de Pudahuel, da cuenta de esta visión. Lo mismo puede decirse de la ministra Cecilia Pérez, quien minimiza el papel de los expertos, por supuestamente no estar de acuerdo con el sufrimiento de las familias chilenas.

Pese a que la libertad pudo haber sido el eje de su relato, la derecha chilensis ha preferido optar por el camino tosco y básico de la seguridad y el orden.

Lamentablemente, y no obstante haber gobernado dos veces en los últimos años, la situación descrita en esta columna da cuenta, otra vez, de la tan mentada cuestión de la carencia de relato de la derecha chilena. Y no debe entenderse aquí la palabra “relato” como una frase de marketing, sino como el gran principio ideológico que informa el conjunto de la acción política en un determinado contexto histórico. Pese a que la libertad pudo haber sido el eje de su relato, la derecha chilensis ha preferido optar por el camino tosco y básico de la seguridad y el orden. Y todo ello en desmedro de la libertad, que es el único principio ideológico que, entendido de manera profunda, ha sido capaz de hacerle frente al igualitarismo también tosco y básico de la izquierda.

En otras palabras, con este guion no será capaz de proyectar un ideario propio —ofensivo, como la libertad, y no reaccionario, como la seguridad—, mucho más allá que la mirada estrecha de un corto mandato de cuatro años. ¿Podrá, algún día, nuestra derecha reemplazar su lema “la libertad dentro del orden” por este otro, “el orden de la libertad”?

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

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