Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 18 de agosto, 2019

Valentina Verbal: La cuestión del relato, otra vez

Quizás un segundo tiempo de Piñera II debería meterle tijera a su programa y, sobre todo, centrar su relato en el único principio ideológico que la derecha es capaz de defender: el derecho de las personas —al menos en la vida económica— a buscar su propio destino.

Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Mucho se ha hablado en los últimos años sobre la falta de relato de la derecha en Chile. Mucha tinta se ha derramado en torno a la alergia de este sector frente a las ideas como motor de la acción política. Y aunque el gobierno de Piñera I demostró no querer cambiar esta situación, muchos esperaban (me incluyo) que el de Piñera II tuviese un poco más de sustancia.

Pero, ¿qué significa en política tener un relato? Partamos por lo que no significa. Aunque no quiere decir que, por ejemplo, los ministros se lo pasen citando a Locke, Smith o Mill, sí supone que al menos entiendan sus ideas, y que sean capaces de captar cuando las políticas públicas, que el gobierno impulsa, se acercan o alejan de ellas. Tampoco implica una frase de marketing, un eslogan, pese a que algunas veces un eslogan puede encerrar un relato, como fue el caso de Lagos con “Crecer con igualdad”, o el de Bachelet II con “Más igualdad y menos abusos”. En tercer lugar, no significa enumerar una lista de supermercado de principios, a veces incompatibles entre sí (como libertad con solidaridad), u otras veces demasiado abstractos (como progreso y justicia), como lo hizo el programa de gobierno de Piñera II. Y, por último, no supone meramente “tener buenas ideas”, sino poner por delante un gran principio ideológico que sirva de faro, tanto al discurso político como a las políticas públicas que se llevan adelante. Por ejemplo, para Bachelet II este principio fue claramente la igualdad material o de resultados, en contra de la libertad de mercado y de la desigualdad (también material) que la aplicación de este principio trae consigo.

Ahora, dicho en positivo, ¿qué es un relato en política? Significa, como muy bien lo entendió la Concertación, poner por delante un gran principio ideológico que guíe la acción política en un momento histórico determinado. Por ejemplo, y dado que el clivaje que dividió las aguas durante esos años fue el binomio autoritarismo-democracia, los gobiernos que la integraron aceptaron (e incluso valoraron) el libre mercado, pero “corrigiéndolo” con una intervención del Estado en favor de los necesitados o vulnerables. El relato de la Concertación no fueron los acuerdos como tales, como ha creído el gobierno de Piñera ll. Esos acuerdos pueden explicarse por la necesidad de hacer transitar al país a una democracia no tutelada. Pero también, y sobre todo, por el hecho de que el relato (ideológico y no meramente actitudinal) de la Concertación aceptó el libre mercado como rayado de cancha de la sociedad. Y esto fue, precisamente, lo que el gobierno de la Nueva Mayoría —movimiento estudiantil de 2011 y “Otro modelo” mediante— rechazó y buscó modificar. Aquí el clivaje pasó a ser, como en buena medida lo fue durante el siglo XX, Estado subsidiario versus Estado de bienestar.

Dicho de otra forma, para pensar un relato sustantivo (aunque no dogmático) es necesario entender el ciclo político que se vive. Así, sin renunciar de plano a los principios, pero adaptándolos a ese contexto, es posible pensar y dar cuenta, en la acción política y en las políticas públicas que se impulsan, de un relato activo y eficiente. Activo porque se percibe constantemente su presencia, casi como un sello indeleble. Pero, al mismo tiempo, eficiente porque le permite al gobierno sacar su programa adelante de manera más o menos exitosa. Y digo “más o menos”, porque es necesario partir de la base, como efectivamente le ocurre a Piñera II, que no posee mayorías legislativas.

Como otras veces se ha dicho, “gobernar es priorizar”. Y como, de hecho, ocurre tanto en el mundo de la moda como en la vida misma, “menos es más”. En este sentido, quizás un segundo tiempo de Piñera II debería meterle tijera a su programa y, sobre todo, centrar su relato en el único principio ideológico que la derecha es capaz de defender: el derecho de las personas —al menos en la vida económica— a buscar su propio destino. Y, si esto fuera así, el gobierno de Piñera II debería tomar con fuerza la bandera de los pequeños y medianos empresarios, y de todos quiénes se levantan en la mañana soñando con un mejor futuro. Curiosamente, nadie ha pensado en la mayoría de los habitantes de este país. Tampoco lo ha hecho la derecha, hoy en el gobierno; terriblemente derrotada, precisamente en términos de relato, por una joven diputada comunista.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: