Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 15 de mayo, 2019

Valentina Verbal: Adopción homoparental

El conservador se quedará siempre en la superficie. En la insinuación, solapada y no directa, de que los homosexuales son enfermos y desviados, y de que los niños deben ser protegidos del contagio del que podrían ser víctimas.

Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Los conservadores, que buscan imponer —desde el Estado— una determinada moral sexual, no se privan a la hora de usar todas las formas de lucha en el plano discursivo, sin importar la cantidad de falacias que sean ellos capaces de proferir. Ahora es el turno de Daniel Mansuy, quien ha dicho, en El Mercurio del domingo pasado, que adoptar niños no equivale solamente a una cuestión de igualdad de derechos. El asunto sería, para él, mucho más complejo porque “toca dimensiones muy profundas del fenómeno humano”, que hacen que sea necesario “explicitar previamente algunos supuestos antropológicos”.

¿Cuáles serían estos supuestos? El hecho de que el ser humano debe “imitar la naturaleza”, porque sólo así podría reconocer la “alteridad sexual”, que está en el “origen de la vida”. Por el contrario, si los niños carecieran de esta alteridad, inevitablemente, se verían “sometidos a una ficción que niega la relevancia de dicha alteridad”.

Para Mansuy, el Estado debería únicamente reconocer aquellas configuraciones familiares en que existe un padre y una madre, ya que el “origen de la vida” no puede explicarse sin la concurrencia de ambos sexos. ¿Es este un argumento serio? ¿Acaso, en la práctica, no existen otras formas de familia, como las monoparentales, generalmente conformadas sólo por la madre y sus hijos, aunque muchas veces apoyada por los padres de ella? ¿No pueden esos abuelos del niño o niña, adoptado o no, ser también parte de la expresión de roles que, supuestamente, ellos necesitan para su crianza y educación al interior de una familia? Y, ¿por qué de un hecho biológico, el “origen de la vida”, se hace desprender un deber ser, moral y jurídico?

Pero, si el problema realmente se reduce a la existencia de familias desconectadas del origen de la vida, ¿por qué los conservadores —y el mismo Mansuy, entre ellos— dirigen exclusivamente sus dardos en contra de las parejas del mismo sexo, y no de las familias monoparentales? Desde mi punto de vista, porque siguen creyendo que la homosexualidad es, al mismo tiempo, una anormalidad psiquiátrica y una desviación moral. No por nada, suelen insistir que la descatalogación de la homosexualidad por parte de la Asociación Americana de Psiquiatría, en 1973, no se debió a criterios científicos, sino exclusivamente al “lobby gay”, similar a las mafias sicilianas.

Para los conservadores, las parejas homosexuales no reunirían las condiciones mínimas para ser buenos padres, y para que sus hijos crezcan en un ambiente adecuado.

Para los conservadores, basados en creencias religiosas o en supuestos estudios científicos, las personas homosexuales serían anormales, no sólo mentalmente, sino también en términos morales. Para ellos, las parejas homosexuales no reunirían las condiciones mínimas para ser buenos padres, y para que sus hijos crezcan en un ambiente adecuado. Y aunque esta razón de fondo no sea explicitada, por ser impopular en los tiempos actuales, no resulta difícil develarla.

Por lo demás, el mismo Mansuy insiste en su planteamiento de que la adopción homoparental “participa de un proyecto prometeico que sospecha profundamente de la naturaleza”. De esta manera, la adopción homoparental —la homosexualidad misma, agreguemos— daría cuenta de una suerte de “auto-endiosamiento”. Pero, ¿por qué la libertad debería reconocer límites para las parejas homosexuales y no para las heterosexuales? ¿Por qué la “opción” de vida de un gay o de una lesbiana constituirían una expresión de radical egocentrismo, y no la de un heterosexual? ¿Por qué, en cambio, el Estado sí puede endiosarse a sí mismo, y dar cuenta de una particular concepción de la vida buena, limitando la libertad e igualdad de los homosexuales?

Ningún conservador (tampoco Mansuy) responderá a estas preguntas. Se quedará siempre en la superficie. En la insinuación, solapada y no directa, de que los homosexuales son enfermos y desviados, y de que los niños deben ser protegidos del contagio del que podrían ser víctimas. Es la típica frivolidad conservadora que se limita a lanzar la piedra, pontificando sobre la “naturaleza” del “fenómeno humano”, para después esconder la mano. La guerra cultural contra los homosexuales justifica todas las formas de lucha, aunque —por cierto— adaptada a los tiempos que corren.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: