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Publicado el 05 de julio, 2017

Una victoria contundente

Cuando van casi dos millones de personas a votar en una primaria, en nuestro Chilito, donde las urnas no son santos de nuestra devoción, es porque definitivamente se anhela un cambio.
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Después de cada contienda electoral surgen los innumerables análisis respecto de la actuación que cada conglomerado político tuvo. Se sacan los cálculos propios y los del adversario, todo para determinar cómo mejoró la posición de cada uno. Al igual que el hombre serio de El Principito, que sumaba estrellas, aquí se suman y restan los votantes de un candidato y del otro; dónde están los que me aman, los que marcan un voto racional y los que lo hacen por descarte. Los que me tienen que endosar, los que tengo que salir a conquistar, y los que tengo que capitalizar para seguir siendo una fuerza política con nombre y apellido.

En definitiva, se desata una verdadera ingeniería electoral, con mención en voto. Donde el uso de las tecnologías permite hacer cuanto cruce de variables al candidato se le ocurra.

Pero ésa es una parte de la ecuación. ¿Y la otra? Lo que verdaderamente sacamos en limpio con un 12,5% del padrón electoral expresando su opinión: más de un millón ochocientas mil personas que algo salieron a decir. No es un puñado de estudiantes en toma, no es un grupo de 300 personas exigiendo no más AFP. Son ciudadanos comunes, la mayoría de ellos (valga la redundancia) integrantes de la gran mayoría silenciosa que no marcha, no rompe los paraderos ni agrede a los choferes del Transantiago, a pesar de que deben viajar en promedio dos horas diarias para llegar a sus lugares de trabajo; son los que deben levantarse a las 5 de la mañana para tomar una hora al médico, o los que no tienen la libertad para conversar con sus empleadores porque las leyes laborales los tienen amarrados.

Lo que el domingo presenciamos es que se derribaron mitos y post verdades, aunque a muchos no les guste. Algunas de ellas majaderamente abordadas por los medios, como la fijación por el límite entre la política y el dinero, o por los conflictos de interés del ex Presidente Piñera, tanto así que era fácil llegar a pensar que era el único tema que estaba en juego. Los programas, las ideas y cmo cada candidato las iba a implementar se hicieron invisibles. Pero el 2 de julio los electores sacaron su voz y más del 60% manifestó, al dar su apoyo, que las explicaciones del ex Presidente son suficientes y que las medidas que ha tomado respecto de sus platas también lo son, y por ello no sigan insistiendo en un tema en el cual ya tenemos la respuesta. Es ésa y no hay más.

Cuando van casi dos millones de personas a votar en una primaria, en nuestro Chilito, donde las urnas no son santos de nuestra devoción, es porque definitivamente se anhela un cambio, se añoran esos tiempos cuando era más fácil conseguir un empleo o un aumento de sueldo, cuando daban ganas de emprender y un Liceo Bicentenario se podía replicar para entregar educación de calidad. Así como sentir el respaldo fuerte del Gobierno cuando los incendios consumen la fuente productiva, o cuando el barro y el lodo se llevan la casa.

Confirmamos que la Presidencia no es para aficionados. Si bien no se puede desconocer que es notable lo que el Frente Amplio hizo en 60 días para lograr más de 300 mil votos, están muy lejos de entender lo que de verdad quieren los grupos medios que conforman el 60% de Chile, según el último informe del PNUD. Fuera de la ecuación, entonces, quedó la idea de romper con todo lo existente.

Felipe Kast logró partir su carrera en la conquista de los millennials, que de aquí al 2022 serán sin duda una masa electoral muy relevante. Sus más de 218 mil votos no son un mal puntapié inicial. Y Manuel José Ossandón es  lo que es, con un techo que ya alcanzó.

Con esta primaria quedó en evidencia que a los electores de hoy no les importa si el candidato es de derecha, de media derecha, de un cuarto de derecha o de centroderecha. Lo que hoy exigen son buenas ideas y buenas bajadas. Que eso que me están prometiendo sea posible de hacer, no un mero eslogan, sino una política concreta que va a cambiar mi calidad de vida y la de mis hijos. En esta contienda electoral Sebastián Piñera, con su 58,36% de los votos, lo demostró ampliamente. A pesar del fútbol, del asado y de la lata dominguera, millones de chilenos sintieron la necesidad de utilizar la democracia para expresar su sentir. Así todo parece indicar que, al fin y al cabo, nos interesa tanto la política como el fútbol.

 

Pauline Kantor, socia directora de Factor C Comunicaciones

 

 

FOTO: ALEJANDRO ZOÑEZ/AGENCIA UNO

 

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