Los chilenos medianamente informados comparten una creencia: que el primer jefe de gobierno marxista elegido democráticamente -Salvador Allende- nació en Valparaíso. Y, aunque no yerran sobre la circunstancia, apuntan al hombre equivocado.

Antes de la revolución rusa de 1917, los partidos laboristas eran abiertamente marxistas (aunque heterodoxos en su enfoque) dentro del Imperio Británico. El Partido Laborista Australiano fue el primero en ganar una elección nacional, en 1904, liderado por el impresor Chris WatsonAunque su gobierno durará menos de cuatro meses, Watson es reconocido como el tercer primer ministro de Australia.

Nacido en 1867 en Valparaíso como Johan Cristian Tanck, Watson era hijo de una inmigrante irlandesa y de un marino de ascendencia alemana (aunque también con raíces españolas y huilliches). Tempranamente, emigra –junto a su madre– a Nueva Zelanda y posteriormente se radicará en Sydney. 

Vuelven los laboristas

El 21 de mayo pasado, mientras Valparaíso celebra el día de los héroes de la Armada, el gobierno nacional australiano pasa de un sydneysider a otro. Pierde el primer ministro Scott Morrison –mago pentecostal del marketing– y su coalición conservadora. Gana Anthony Albanese y los laboristas. Hijo de una madre soltera anglocelta y un mayordomo de crucero italiano, Albanese es universalmente considerado un nice bloke (buen tipo), aunque parte de la opinión pública piense que no es mucho más que eso. Giorgio Jackson es un nice bloke también.

En verdad, Morrison estaba en problemas antes de la elección. Su capacidad de gestión fue severamente cuestionada durante la pandemia. Su mayoría parlamentaria era estrecha y su coalición exhibía problemas de liderazgo: aunque los conservadores controlaban el gobierno desde 2013, Morrison era ya el tercer líder a cargo del Ejecutivo. Por eso, la relativamente modesta pérdida de parlamentarios que experimentó su partido fue suficiente para provocar el cambio de gobierno. En retrospectiva, no es un mal resultado para el Partido Liberal de Morrison que, a diferencia de sus congéneres americanos, sólo prioriza la libertad económica.

Las candidatas «Teal»

No obstante, la ecología política que emerge de las elecciones es interesante. Las candidatas Teal se imponen victoriosas. Como los patos del mismo nombre, sus plumas emblemáticas son de una interesante mezcla de colores: azul conservador y verde ecologista. Son adineradas, conservadoras y pro-business, pero intolerantes a la negación del cambio climático. Capaces y directas –al modo de Evelyn Matthei–, ganan en distritos tradicionalmente conservadores, disputando espacios a un Partido Liberal controlado por hombres.

Hace un par de décadas, los demógrafos observaron una creciente evolución del voto femenino en Australia. Las famosas “esposas de médicos” de la jerga politológica eran especialmente sensibles a los temas sociales en los barrios altos de Melbourne y Sydney. Esa sensibilidad social se va convirtiendo ahora en liderazgo político. A pesar de la cultura patriarcal de los partidos tradicionales, estas nuevas líderes que son social y económicamente liberales están llamadas a ser una fuerza reconfiguradora de la política australiana. Un mensaje que la derecha y el centro político chilenos no deberían dejar pasar casualmente. 

*Pete Leihy es profesor investigador de Universidad Andrés Bello.

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