Crimen organizado. Un concepto que está siendo utilizado con mayor frecuencia en Chile. Narcotráfico, tráfico de personas, contrabando, economías ilegales del cobre y la madera, etc. Pero la llegada del fenómeno no es lo que debería preocupar. Dada nuestra apertura e integración al proceso de globalización, tarde o temprano lo íbamos a tener acá. Lo que preocupa realmente es la preparación del Estado para enfrentar esta amenaza. 

Qué hacemos es lo que se preguntan todos. Habría que empezar por distinguir claramente el crimen organizado de las organizaciones criminales que puedan operar en Chile. Existen ambos, pero no todo es crimen organizado. Este se caracteriza por estructuras muy complejas que van más allá de las personas que las integran. Por eso, la captura de unos de los capos del narcotráfico internacional no significa que el cartel vaya a desaparecer. Sigue funcionando. Las organizaciones criminales también cuentan con estructuras más o menos complejas, pero se construyen para un negocio particular y no trascienden a las personas. El problema, en ambos casos, es un Estado débil o ausente. 

Donde haya una necesidad, se crea el negocio, pero la sola necesidad no basta para que se desarrolle el crimen. De ahí la importancia de un Estado fuerte y presente, que sea capaz de entregar seguridad, desarrollo y bienestar, donde la respuesta va mucho más allá del ámbito policial. Las instituciones en su conjunto deben llegar a todos los rincones del país para no dejar vacíos. 

Llegó la hora de pasar del diálogo a la acción y de dejar de conformarnos con el hecho de tener indicadores muy superiores a gran parte de los países latinoamericanos. Es verdad que nuestros índices de calidad institucional, democracia y percepción de corrupción son mejores que muchos otros en la región. Pero también es cierto que éstos han mostrado retrocesos con respecto a 10 años atrás, lo que debería encender las alertas. En corrupción no estamos mejor que hace una década y nuestra categoría democrática ha sido rebajada a defectuosa. No podemos conformarnos con estar mejor que otros.

En el norte, por ejemplo, ya opera el Tren de Aragua, organización venezolana dedicada al secuestro y la extorsión; los homicidios en Arica van en aumento, el narcotráfico no se detiene… El panorama no es bueno, pero tampoco hay que pensar que estamos al mismo nivel que México. La preocupación debe centrarse en la respuesta a estos problemas. Una que va más allá de las mesas de diálogos y las reuniones con los alcaldes de comunas con altos índices de violencia y narcotráfico. Hay que pasar a la acción.

Es hora de emplear la inteligencia, comprender el entorno, identificar las fortalezas y debilidades e integrar a todas las instituciones en el proceso. La clave: reunir una voluntad política transversal que sea capaz de acordar tres pilares, o los que sea necesario, para construir una estrategia nacional contra el crimen que opere como la estructura marco de la cual derivan planes específicos por delito. Pero una voluntad real, que vaya más allá de un acuerdo nacional por la paz, que lleve al Estado a esos lugares donde no llega y que llene los vacíos que generan el contexto para el desarrollo del crimen. No hay que conformarse con estar mejor que otros, hay que ocuparse para no llegar a estar como los otros.  

*Pilar Lizana es investigadora de AthenaLab.

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