El 21 de diciembre, en el Club Palestino, el Presidente Boric anunció oficialmente que durante su gobierno se abriría una embajada en Palestina, lo que no merecería crítica alguna, si no hubiera continuado su discurso recriminando al Estado de Israel, provocando gratuitamente una situación que de no ser porque Israel no quiere tensionar ni las relaciones con el Gobierno ni el conflicto, podría haber causado un nuevo incidente diplomático con ese país, con el cuál Chile tiene excelentes relaciones hace más de 70 años e importantes intereses en común. 

Una cosa es la opinión que cada cual pueda tener de un determinado país o conflicto, pero otra cosa muy diferente es que un Presidente de la República, siendo el conductor de las relaciones internacionales, cometa la irresponsabilidad de privilegiar su interés personal sobre los intereses de Chile, como es su obligación. Al tomar abiertamente partido por un conflicto de suyo complejo, que a pesar de todos los esfuerzos que se han hecho durante años en busca de una solución definitiva que aún no se logra, compromete al país.

Boric se identifica claramente con la posición palestina y así lo manifestó abiertamente una vez más, con un discurso más bien militante, carente de la sobriedad, prudencia y equilibrio que el cargo que ostenta demanda. Dijo entre otras cosas, que “ante los sufrimientos no podemos ser protocolares”, lo que es abiertamente una imprudencia de quien dirige las relaciones internacionales del país, puesto que seguir  las reglas protocolares es consustancial a la diplomacia.

Pero peor aún, todo lo que manifestó en la reunión no era del conocimiento de la Cancillería, con lo cual dejó nuevamente en un mal pie a la ministra Urrejola, quien tuvo que salir a corregirlo, porque Chile tiene representación diplomática a nivel de Embajador en Palestina y no solo Encargado de Negocios como lo manifestó Boric. Lo único que cambiará es que la oficina de representación pasará a ser Embajada.

Hay otro efecto de su intervención que es nefasto, cual es importar gratuitamente un conflicto internacional a la esfera nacional causando división y desencuentro entre dos comunidades que por años se han respetado y convivido sin problemas, sobre todo cuando el responsable es el Presidente de la República, quien debiera intentar que en el país reine la paz y la concordia entre todos los chilenos, no importando su origen o religión. 

Es lamentable que el Presidente Boric improvise discursos con implicancias diplomáticas, sin el conocimiento de la Cancillería y sin respetar siquiera a su Ministra de RR.EE. Al no consultarle previamente su opinión, la obligó a salir a corregirlo una vez más. En este caso, al no aquilatar lo que dijo, producto de su inquina contra el Estado de Israel, a quien considera un Estado asesino y genocida, como se lo dijo a Tomás Mosciatti cuando lo entrevistó como candidato presidencial, generó fuertes críticas del Grupo Parlamentario Chileno-Israelí en el Senado, integrado por 29 senadores de diferentes tendencias políticas como Ricardo Lagos Weber, Manuel José Ossandón, Yasna Provoste y Javier  Macaya,  y por supuesto de la Comunidad Judía de Chile.

Sería importante por el bien del país, que tanto el Presidente como su Gobierno no sigan cometiendo errores diplomáticos como los que han provocado en estos casi 10 meses desde que asumieron el poder. Generar buenas relaciones internacionales toma tiempo, requiere profesionalismo, claridad de propósitos y sobre todo, tener muy presente los intereses superiores de Chile. De lo contrario, el daño reputacional puede ser irreversible.

*Jaime Jankelevich es bioquímico y consultor

Jaime Jankelevich

Bioquímico y consultor

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