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Publicado el 22 de diciembre, 2016

Un nuevo caso de desarrollo frustrado

Los datos del Central y la advertencia de Fitch nos dejan claro que la economía chilena ha entrado en una espiral de debilitamiento estructural.
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“¿Cómo podría explicarse la generalizada ‘malaise’ predominante; la sensación colectiva de  frustración y de crisis…?”, se preguntaba don Aníbal Pinto Santa Cruz en uno de los libros clásicos de la historia económica nacional, “Chile: un caso de desarrollo frustrado”, de 1959. En ese texto pesimista sobre el rumbo económico que había seguido nuestro país en las décadas precedentes, Pinto aseguraba que Chile sufría una “gran contradicción”, explicada por “el ritmo deficiente de la expansión de su economía y el desarrollo del sistema y la sociedad democráticas”.

El paralelismo con los tiempos actuales resulta realmente impresionante, pues Pinto describía así lo que nos pasaba entonces: “En otras palabras, el sistema de producción no está en situación de avalar o de cumplir las expectativas que va creando el régimen político. El sub-crecimiento en lo económico y el relativo sobre-progreso en lo político plantean una contradicción aguda, que es fuente de roces, frustraciones y desequilibrios”.

¿Cuáles podían ser las razones para explicar esa gran contradicción entre la expansión de la democracia y el deterioro de la economía? “La escasa claridad respecto a los fines y medios escogidos”, respondía Pinto, quien agregaba: “De allí han emergido inevitablemente las incoherencias y las contradicciones; la persecución de fines a menudo incompatibles y la selección de medios muchas veces tan ineficaces como reñidos con otros que se aplicaban al mismo tiempo”.

Ahora el Banco Central nos anuncia que el país crecerá solo 1,5% este año, y lo hará apenas entre 1,5 y 2,5% en 2017, reduciendo sus propias estimaciones de septiembre pasado. También nos confirma que la recuperación de nuestra tasa de crecimiento seguirá postergándose, pues los riesgos han aumentado y “los niveles de confianza siguen siendo marcadamente pesimistas”. El instituto emisor reconoce además que el empleo asalariado se ha estancado, y que la tasa de desempleo se ha mantenido relativamente baja “debido a una fuerza de trabajo cuyo crecimiento anual se redujo con más fuerza que la del empleo, ayudado este último por la creación de trabajos por cuenta propia”, es decir, trabajos de mala calidad, sin contrato ni previsión social.

Todo lo anterior, ya conocido e internalizado por los mercados, llevó a una de las tres grandes  agencias clasificadoras de riesgo a poner “perspectiva negativa” a la nota crediticia de nuestro país, lo que quiere decir que si Chile sigue creciendo poco y elevando su deuda, nos bajarán la excelente calificación recibida durante años por el admirable desempeño macroeconómico y financiero de nuestro país, lo que ha permitido a Chile y sus empresas endeudarse a bajas tasas de interés con respecto a naciones competidoras.

¿Y cómo respondió el Gobierno a la advertencia de la agencia Fitch? Anunciando un nuevo feriado para todos, un día extra de descanso que puede costarnos medio punto porcentual de crecimiento mensual, un derecho más para engrosar la larga lista de prerrogativas democráticas.

Ya en 1959 Pinto nos advertía sobre la necesidad de equilibrar las expectativas políticas con el cuidado de nuestro sistema productivo, pues la expansión de los derechos tiene costos que, tarde o temprano, el país pagará, ya que no existe esa cosa que llaman educación gratuita o feriados gratis. Todos los chilenos deberemos financiar esta desenfrenada promoción de expectativas, y ya nos vamos enterando, por ejemplo, de que el dinero que se está gastando en “universidad gratis” para muchos que tal vez no la necesitan, se está sacando del presupuesto de Conaf para combatir los incendios forestales o se restó del combate contra la delincuencia o no se está destinando a salvar la vida y la dignidad de los niños pobres que caen en las redes del Sename.

Los datos del Banco Central y la advertencia de Fitch nos dejan bien claro que la economía chilena ya no resiste más presiones y ha entrado en una espiral de debilitamiento estructural. Justo cuando avizorábamos el umbral del desarrollo, nos sentimos nuevamente muy frustrados, como se sentía Pinto en 1959, porque el pan empieza a faltar en la mesa de muchos chilenos, aunque el circo continúa, ahora con una función gratuita para todos el 2 de enero.

 

Ricardo Leiva, doctor en Comunicación de la Universidad de Navarra

 

 

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